El templo de la palabra

El miércoles asístí al Pleno del Ayuntamiento de Sagunto donde se trató la moción contra los recortes sociales. Ya se habrá hablado bastante de la incidentalidad del pleno así que no haré comentarios. Yo permanecí callado y observando todo lo que sucedía dentro. Y creo que alguien debería analizar los contenidos de los gritos y jaleos que recibían el aplauso generalizado y sin embargo a mi me parecen equivocadas. Yo tengo la inmensa suerte de que esta casa me abre sus puertas para que durante unos minutos y una vez a la semana pueda expresar mis opiniones más o menos acertadas. Y con esa inmensa suerte me gustaría analizar algunas consignas:
No nos representan. A mi sí. A mi los que yo voté me representan muy dignamente. Soy conocedor y seguidor de su dedicación, esfuerzo, ilusión y compromiso. Es más, la mayoría de los que no voté también me representan estupendamente. Conozco personalmente a varios de ellos y sé que son gente honesta y dedicada. Me siento muy bien representado aunque quiera cambiar el sistema electoral y me gustaría poder votar a determinadas personas y no a determinadas siglas.
La deuda no se paga. Las deudas se pagan. Cualquiera sabe que un principio básico de seguridad jurídica es que las deudas se pagan. El concepto mal explicado de no pagar la deuda de Argentina, Ecuador o Irak es el de deuda odiosa o deuda ilegitima. El Derecho Internacional reconoce esta deuda cuando los dirigentes han contraido deudas manfiestamente en contra de los intereses de su pueblo y a sus espaldas. Entonces se hace una auditoria y se determina cuáles de las deudas globales son legítimas y se pagan y cuáles no.  Y también creo que los mercados de capitales deben ser desafiados exponiendo la vieja máxima de si "yo debo un millón al banco, yo tengo un problema, pero si le debo mil millones el banco tiene un problema". Pero de ahí a salir corriendo hay un paso que es casi un precipicio.
Que se bajen el jornal. El Ayuntamiento de Sagunto tiene 25 concejales, de los que 9 tienen dedicación exclusiva al Ayuntamiento. Trabajo en el sector financiero y me parece increible que una empresa que factura 60 millones de euros esté dirigida tan solo por nueve directivos de los que solamente seis tienen capacidad de mando y gestión. El resto sin dedicación exclusiva van a ratos, cuando su trabajo y sus obligaciones les permiten o cuando se salen del trabajo para acudir a alguna comisión o algún pleno. Yo prefiero gente dedicada al tema al que poder pedirle explicaciones, Si piensan que alguno o alguna no se gana el jornal díganlo. Los que yo conozco se lo ganan todos y todas.

Que hable en español. Ya es la segunda vez que me toca pasar vergüenza en mi pueblo con este tema. Desde que empecé a desarrollar colaboraciones con los medios tuve que optar por una lengua. Opté por el castellano porque es la lengua vehicular de ambos medios y porque es la lengua en la que pienso y siento. Nunca tuve ninguna imposición ni recomendación. Pero me parece una vulgaridad mostrar las ignorancias en lugar de los conocimientos. Escuchar hablar a  una persona en una lengua diferente y entenderla es algo gratificante desde el punto de vista cultural, lingüístico e ideológico. Pero si la lengua es la propia del lugar en el que vivo me parece irrespetuoso mandar callar a alguien que la habla. Una lengua debería ser conservada y mimada con orgullo. Lo contrario es volver a sacar la charanga, la pandereta y la cabra para que suba la escalera.

Estos contenidos me preocupan porque los aplausos eran estruendosos cuando se mencionaban estas ideas. Cuando alguien cae en las arenas movedizas piensa que moviéndose mucho puede salvarse cuando lo inteligente es estarse quieto y la arena te expulsará. Cuidado porque algunos contenidos dan miedo, algunos silbidos suenan a desastre y especialmente cuidado con aquellos que pidiendo más democracia consiguieron meterla en la UCI durante dos horas.

Y enhorabuena a las miles de personas que con todo el calor que caía acudieron a manifestarse con banderas, siglas y consignas. Que se note que en este pueblo no pasamos por el aro. Y enhorabuena a todas las personas que acudieron al pleno y se comportaron como es debido. Porque de la misma manera que uno cuando entra en la piscina sabe que tiene que ducharse antes de bañarse y cuando entra en una biblioteca tiene que guardar silencio, cuando entra al Pleno Municipal, tiene que escuchar y dejar hablar a los demás.


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