¿Qué está pasando cuando parece que no pasa nada?

Vivir en el presentismo acuciante hace tener dos perdidas de visión: la del pasado y la del futuro. De eso se aprovechan los gobernantes utilizando la estrategia de la rana hirviendo que comentamos la semana pasada. Pero lo cierto es que siempre pasan cosas incluso cuando parece que no pasa nada.
He ido a casi todas la movilizaciones a las que se me ha convocado en los últimos tiempos. Jamás había ido tanto de manifestación y ya había ido a unas cuantas se lo aseguro.
Ayer noté algo diferente. Será que soy un optimista patoideológico y siempre espero una reacción que nunca acaba de llegar -al menos en las urnas nunca llega-. Ayer vi colores nuevos, canciones nuevas. Lo que me ha hecho reflexionar.
Todos los cambios son obvios cuando ya han sucedido. El cambio se genera como un topo subterráneo que va hundiendo el terreno sin que aparentemente pase nada. Ayer apareció la poli dentro de la manifestación. Estaban los polis malos fuera y los polis buenos dentro. Los bomberos siempre han estado con esa facilidad pasmosa para desnudarse a la primera oportunidad, pero siempre han estado al pie del cañón en las manis. Pero los polis nunca.
Podría hablarles de la asistencia. Hay fotos al respecto. Muchísima gente se manifestó. Muchísima es muchísima.
Pero la verdad es que la simple manifestación parece no surtir efectos. Nos hemos concentrado en dos vectores de movilización: la delegación de confianza (que lo arreglen los sindicatos o que lo arreglen otros políticos) y la dinamización colectiva (si nos juntamos muchos nos harán caso). Sin embargo, el gobierno actual es ciego y sordo. Ni ve ni escucha. Así que habrá que forzar el tacto y el gusto.
Todos los cambios relevantes en la historia han venido de la mano de dinámicas colectivas acompañadas de una épica individual. Hacer que cada pequeña decisión sea la decisión que hace ganar o perder una causa justa. Por eso habrá que transgredir alguna norma para generar cambio desde la resistencia y la responsabilidad. Como hizo Rosa Parks sentándose en asientos para blancos. Cada uno debe mirar qué puede hacer para hacerle ver al poder que el poder sigue aquí en nuestras manos y no en los mercados. Hay que echarle imaginación. Individualmente también hay que dar pasos adelante. Ya no es suficiente juntarnos cada cierto tiempo. Ya somos muchos. Un gobierno en España jamás había tenido tanta gente en contra y movilizada. Pero ahora al volver a casa y especialmente en el trabajo de cada uno hay que hacer un millón de manifestaciones de una persona. Policias, bancarios, médicos, jueces, mecánicos, cocineros, periodistas, administrativos, arquitectos, psicólogos, profesores... hay que plantar cara y desobedecer las órdenes absurdas e injustas.
Ya no es suficiente salir a la calle, ahora hay que seguir en casa y en el trabajo.

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