Turistas, visitantes y viajeros

Proponía esta semana Palmira como tema de conversación en Onda Cero qué habíamos hecho este verano. No sé si alguna vez les he hablado de la diferencia entre una columna de opinión y un radioblog o un blog en general. La diferencia es que el bloguero está obligado a ponerle alma. A poner de su vida y de su cosecha. A exponerse públicamente para ejemplificar que las noticias a veces están en el pasillo de casa y solamente hay que levantarse, abrir la puerta y verlas.
Yo cada verano procuro salir de España. Los españoles de esta época hemos tenido la fortuna de poder hacerlo. No sé si viajo por encima de mis posibilidades. Eso ya me lo dirá algún economista dentro de unos años. Pero intento trasladarme físicamente a otra parte probablemente para convertirme en un ser invisible que observa como un niño grande un mundo de adultos un poco loco.
Yo he encontrado tres formas de mirar lo ajeno. La primera es el turismo. Te embarcas en una capsula espacial en la que envuelto de nuevas pero propias circunstancias asistes a una especie de escenificación de calle del escaparate de un país. Toda buena ciudad tiene un escaparate de tópicos típicos, algunos estereotipos, muchos arquetipos y algunos tipos raros. Hacer turismo es una especie de trivial pursuit del desplazamiento donde se despierta una extraña devoción por la acumulación de datos históricos e histéricos y una especie de síndrome de Diógenes de las postales bonitas coleccionables en nuestra cámara. Así miré desde cerca como es Escocia en compañia de mis padres. Más allá de entender un país al menos pude entenderme un poco.
La segunda es el viaje. En junio anduve por Cuba. La reciente apertura económica cubana permite los "cuentapropistas", lo que nosotros entendemos como "autónomos" pero sin mentalidad capitalista. Allí te acogen en sus casas. En Europa se llama Bed and Breakfast pero en cuba es Bed and todo. Te ofrecen sus llaves, su casa, su comida, su conversación y una parte de su vida. Y tratas de no romper nada. Tratas de que el lugar que visitas permanezca igual tras tu paso. Respiras su aire y hasta llegas a pensar durante unos días como ellos. El país se te mete por la piel.
La tercera es la visita. En unos días marcho hacia Ecuador en un proyecto corto de cooperación. Mi expectativa es ser un buen visitante. En tres semanas no cambiaré en nada el mundo pero quizá cambie algo de mi mundo. Espero no molestar mucho. Espero aprender mucho y enseñar un poco. Superar el complejo de superioridad occidental para entender que vivir es algo más que una prima de riesgo. Si de algo sirve lo que sé hacer quiero regalarlo a alguien que se lo merezca.


En Escocia el guía nos explicó algunas cuestiones de cómo funciona el sistema sanitario y de educación anglosajón. Y yo me aferro al mío, al nuestro. Un sistema que me ha permitido llegar sano a los cuarenta y que permitió que un hijo de un trabajador pudiera tener una carrera universitaria.

Dicen que el nacionalismo se cura viajando. Yo debo estar en fase terminal porque ni haciendo turismo, ni viajando ni visitando he encontrado un lugar donde quisiera vivir más que donde vivo. Un lugar donde me entiendo, les entiendo y soy entendido.

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