1984-2012 Rebelión en la granja

Cuando Orwell quiso parodiar las dictaduras comunistas seguramente no reparó en que sus novelas tendrían relecturas tan selectas como la que nos ofrece la actualidad.

Aquel Gran Hermano de 1984 tiene una vigencia tecnológica indudable hoy en día. La única diferencia es que cedemos gozosamente nuestra información en forma de constantes fotos, videos y comentarios en redes sociales y que quién mira es un Gran Hermano conjunto que ha creado definitivamente el Ministerio de la Verdad. Ofrecemos gratuitamente casi toda nuestra vida desde una perspectiva bastante lúdica que alguien sabrá utilizar adecuadamente.

Corría además el año 1984 cuando otra Dama de Hierro parecida a Merkel hacía explotar el paradigma neoliberal que la socialdemocracia europea -salvo excepciones muy al norte- fue degustando en pequeñas porciones hasta su obesidad diabética liberal actual.
Orwell no los llegó a conocer pero una fuerza externa y no sometida a ningún tipo de representatividad podría ser tanto el Zar como Franco o "los mercados". La rebelión en la granja de 1978 nos trajo muchos principios democráticos nuevos por estrenar. Algunos curiosamente parecidos a los que escribió Orwell en su momento como "Todos los animales son iguales".
Sin embargo en el 2012 se han socavado los pilares básicos de la granja. Las instituciones democráticas básicas fallan. Falla la representatividad del sistema electoral, falla la doble cámara de representación, falla la estructura territorial, falla la conexión europea, falla el sistema judicial, falla la soberania popular, falla, falla, falla...
Necesitamos una nueva rebelión en la granja. Abrir un nuevo proceso constituyente donde sentar unas nuevas bases útiles para el mundo de hoy en día que no tiene nada que ver con el de 1978. Con calma pero con determinación.
La única manera que existe hoy en día de propiciar esto a corto plazo es el compromiso. Comprometerse acudiendo a las movilizaciones, hablando con nuestros amigos y familias, militando en los partidos minoritarios que no tienen responsabilidades del pasado, apoyando a las pocas organizaciones que quedan en pie en la defensa de las clases populares. En pocas palabras, desalojando de las posiciones de poder a los cerdos orwellianos que nos gobiernan.
Porque si no lo hacemos conseguirán poner aquel cartel en la granja que decía "Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros".

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