Caminos infernales

Aquí no tengo prácticamente acceso a Internet más que cinco minutos al día. Tampoco tengo cobertura de móvil. Así que apenas sé que ha muerto Carrillo. Desconozco como anda la prima de riesgo y si Alemania nos ha exigido ya sacrificios humanos para que el Banco Central Europeo compre deuda. Y como no puedo contarles otra cosa, les cuento como van las cosas por aquí por Ecuador.

Si recuerdan estoy en un proyecto de voluntariado. Mi compañero y yo llevamos dos días acompañando a Ayuda en Acción de Ecuador y Prodeci -la ONG de base en la que colaboramos- por todas las comunidades de Intag. Sí, aquí a los pueblos o a las aldeas se les llama comunidades. Y a todo lo hacen se le llama comunitario. Y comunidad y comunitario mantienen todavía todo el significado que perdieron cuando se les puso el apellido de autónomas en España.
Me limitaré a contarles un par de cosas de ayer mismo, día jueves, como dicen aquí. Por la mañana acudimos a una comunidad que tiene un grupo más marcado de deficientes visuales. Tomó la palabra una señora. Su nombre es Noemi y es ciega pero participa de una sonrojante clarividencia para todos los que conservamos el sentido de la vista. Su firmeza y determinación nos ha emocionado a todos. Nos ha contado como consiguió llegar ayer en autobús a una ciudad cercana y una vez allí como se pudo desenvolver. Tiene cáncer pero hoy ha querido estar con nosotros para conseguir que los que no pueden ver como ella también puedan sentir y saber como ella. Cuando ha acabado de hablar unos hemos llorado hacia afuera y otros hacia adentro... pero llorar creo que hemos llorado todos.
Por la tarde a última hora acudíamos a Cerro Pelado, una comunidad también, quizá la más alejada de las que hemos visitado. Hagamos un ejercicio, imaginen el peor camino por el que hayan transitado en España... Bien... yo vengo ahora mismo de uno peor. Al llegar he visto como los niños y niñas del colegio estaban todos sentados en un banco con sus uniformes y he sabido que lo que ocurría hoy era todo un acontecimiento para ellos y para todo el pueblo. El proyecto de colaboración con esta “su” comunidad consistía en construir unos lavabos para el colegio. Sí.. unos lavabos porque no les puedo describir lo que tenían antes. Nos han recibido con toda una ceremonía con maestra de ceremonías y todo, con música, dos guitarras y un timbal. Nos han contado su historia. Resulta que con lo que ahorran cada año van poniendo unos metros cuadrados de suelo cerámico en las dos aulas que tienen. El resto del suelo es de cemento. El recreo es un descampado como el que yo disfruté toda mi infancia. Las ventanas estan rotas. Allí hará un frio horrible en invierno. Cuando vuelva colgaré los videos y se haran una idea de cómo y donde estudian esos niños.

No seré yo el que niegue aquella frase de “la felicidad no es un destino sino un trayecto”. Solamente la matizaré un poco. La felicidad es un viaje seguramente. Un viaje en el que los caminos a veces son infernales pero llevan a lugares celestiales. No recuerdo haberme ensuciado tanto desde que era pequeño. He transitado los peores caminos de mi vida pero cada vez que llego a un sitio veo a abuelos con la sabiduría de los ancianos, a padres comprometidos con sus comunidades haciendo discursos con piel y con alma, a madres con los sueños puestos en la felicidad de sus hijos. Y entonces miras a los ojos de las niñas y de los niños. Con la cara sucia de jugar. El pelo revuelto. Y un futuro que tenemos la obligación de garantizarles. Porque hay caminos terribles que llevan a lugares que valen la pena.

Que pasen un buen fin de semana.

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