Las crónicas de Intag. Dia 1

Me he comprado una libreta para ir anotando cosas. Es la primera vez que lo hago desde que decidí que además de imágenes guardaría huellas emocionales de mis viajes. Supongo que viajar en clase preferente para hacer una cooperación internacional al desarrollo es una contradicción. No pretendo ser coherente porque el mundo no lo es. Solamente pretendo ser menos incoherente que el mundo. Además no quedaban otros billetes y quería ir hasta Madrid en tren. Viajar en tren me deja mirar por la ventana un paisaje que siempre parece el mismo y nunca lo es. Es una televisión real a velocidad de 52x como a veces va mi cabeza. Así que no me puedo quejar.
No es la primera vez que voy en preferente y observo las absurdas manías de los pijos. La toallita caliente para limpiarse las manos antes de no sé qué, que te proporcionan con pinzas no sea cosa que alguien pueda contagiarse de no sé qué otra cosa. Lo que sí que me gusta es que me den un periódico. Durante un viaje de tren se me pueden ocurrir diez o quince artículos. Uno quizá sobre los leones que quitaron del Congreso de los Diputados los madrileños porque no eran suficiente fieros y que han acabado en un jardin en Valencia donde la fiereza nunca la hemos tenido en cuenta al ser más "muelles" o blanditos. Es toda una metáfora la de la falta de "cojones" de los leones del Congreso en esta época en que los que entran dentro tampoco es que tengan muchos.
Leo una noticia que habla de Alexander Marinesko, un heroe legendario de guerra en la época de la URSS porque con su sumbarino mató aproximadamente unas 14.000 personas, entre ellas niños. Así que no me pidáis coherencia porque la historia demuestra que la especie humana es un desastre incoherente para el planeta.
Por fin llego a Madrid. Atocha me recibe con olor a perfume de otras épocas, con mil sueños y alguna pesadilla, con besos de un tiempo en que antes de rendirnos fuimos eternos. Cenamos porque es la mejor coartada para mantener una conversación inacabable sobre la racionalización de las emociones. La mejor manera de excusar nuestra añoranza de determinados sentimientos.
Y duermo antes de empezar la aventura que soñé el verano pasado.

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