Las crónicas de Intag. Día 14

Hoy es lunes. Es un día de transición. Tenemos que marchar de Intag a Ibarra. Con todos los respetos yo ya necesito mi ducha caliente, un lavabo para mi, mi internet y mi móvil. Soy un urbanita. Lo admito. Además estoy acostumbrado a pasar mucho tiempo sólo y aquí estoy siempre acompañado. Vamos a desayunar y no hay leche. Me sigue costando entender la escasez o mejor dicho asumirla. Los mosquitos me han matado a picotazos en todas las articulaciones.
Nos recoge Lorena -lleva salud y educación en Intag- y vamos a por Cristian que es técnico de vínculos solidarios. Vaya nombre bonito para un cargo o trabajo. Técnico de vínculos solidarios. Qué es usted? Mire yo soy Técnico de vínculos solidarios. Creo que pondré eso en mi currículum también.
La carretera deja ver plantaciones y cultivos en pendientes imposibles. También deja ver ramas en mitad de la carretera si a esto se le puede llamar carretera. De pronto aparece una máquina limpiadora en mitad de la calzada. Aquí no muere más gente porque Dios no quiere. Acabaré por hacerme creyente si sobrevivo a estas carreteras y caminos. Y de pronto surge la recompensa. VAmos conduciendo y acariciando las nubes. No es niebla. Son las nubes. Puedes sacar la cabeza por la ventana y saber a qué huelen las nubes.
Vamos por una carretera con muchos camiones. Van a una cantera. Adivinan de qué empresa? Sí.... Lafarge Cementos. No puedo evitar saltarme esa historia. Soy demasiado curioso y creyente en las casualidades. Lafarge tiene una cantera y una factoria a unos kilómetros de distancia. El trasiego de camiiones es increible. Los impactos ambientales sobre la montaña son bastante visibles. Pero los derivados del transporte son invisible por la nube constante de polvo que se forma. El camino está destrozado por los camiones y los árboles tapados por el polvo. Me cuentan que hace poco hubo un accidente laboral. Dinamitan en la parte alta y dejan caer a la ladera de la montaña. Pero en ese juego de dinamitación una roca gigante andaba insegura. Hasta que un día cayó encima de dos trabajadores y los aplastó. Tardaron ocho días en llegar a sus cadáveres para darles sepultura.
Para tapar los perjuicios la empresa monta un sistema de beneficios monetarios. Ofrece el derecho a explotar un camión a los vecinos de la zona. Eso sí.. tiene que ser un camión grande porque los pequeños que contaminan menos y generan menos perjuicios... no se valen. Los vecinos no están muy interesados en llevar camiones pero si alquilan el derecho ganan unos 200 euros al mes.. que aquí es un dinero. La empresa también contenta porque quienes generan el perjuicio (camiones) no reciben el perjuicio (polvo y riesgos) y así todo le va estupendamente. Me viene a la cabeza la cantera de Romeu. Lafarge compra voluntades en todas partes.

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