Las crónicas de Intag. Dia 17


Hoy ha sido un día de despedidas. Emotivo y emocionante. Me han regalado una tarta de cumpleaños porque para mi cumpleaños no estaré aquí. Y me han cantado cumpleaños feliz. Creo que hacía más de treinta años que no celebraba mi cumpleaños y este año lo haré por partida doble o triple... quizá siga la costumbre ecuatoriana de celebrarlo una semana antes y una semana después.

He intentado despedirme oralmente. Creo que cada vez lo hago mejor porque tengo menos miedo de mostrarme como un chico sensible. Pero creo que por escrito lo sigo haciendo algo mejor. Así que el post de hoy va para ellos y ellas, la gente que me ha acompañado estos días. Porque la vida, los países y los viajes, las cenas, los equipos y los sueños... los hace la gente con la que compartes tu tiempo.

Me voy con Ecuador en el pecho -y no solamente porque me haya comprado una camiseta que pone Ecuador justo en el pecho- sino porque iré mostrando con orgullo su país allá donde vaya. He visto gente muy débil en Intag pero no les he visto infelices. La felicidad tiene mucho que ver con la dignidad. Y yo he compartido tiempo con gente muy digna.

Quizá un día pensé en venir a prestar ayuda pero hoy solamente les brindo mi colaboración. Me voy de su rincón del mundo al mío. Espero haber sido un digno visitante y no haber cometido muchas torpezas y haberles molestado poco. Espero haberles respetado tanto como me han respetado ustedes. Me dijeron en una de las charlas que hacer este voluntariado cambiaba a la gente. Así que gracias por cambiarme. Gracias por influir en mi. Me vuelvo a mi casa con la maleta cargada de utopías, de discursos de políticos honrados en cada comunidad. Me llevo la maleta llena de la clarividencia de una viejita ciega que me enseñó a mirar. Me llevo el polvo de unos caminos del infierno que llevaban a lugares celestiales donde se regalaba todo lo que uno tenía. Me llevo las camisas de los consejeros de una Caja de Ahorros de las de antes, las de la gente humilde.

Me voy con la sensación de que la mirada de los niños en la misma aquí, allí y en todas partes. La mirada del futuro que todavía está en nuestras manos. Sigan luchando en su rincón del mundo. Yo lo haré en el mío. Y quizá en la lucha nos volvamos a encontrar. Luchando. Siempre luchando. Sabiendo que somos fuertes. Y que no todo el mundo lo es.

Hice muchas fotos y muchos videos. Será fácil recordar estas tres semanas. Pero me llevo la mejor foto mental. Su cielo. Tienen ustedes el cielo más bonito. Así cada vez que levante la vista en cualquier parte del mundo, no podré evitar comparar ese cielo con el suyo. Y así seguiré viviendo en las nubes con los pies en la tierra. Sabiendo que hay montañas que llegan más allá de las nubes. Y que si las escalamos, podremos cumplir nuestros sueños.

Suerte a mis amig@s de Intag. Es lo único que necesitan. De su trabajo no me queda ninguna duda.




PD: Y recuerden siempre que daré gracias a mi madre... por haberme parido macho.

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