El parlamento de los idiotas

La cena de los idiotas es una obra del dramaturgo francés Francis Veber. Su argumento trata sobre un grupo de amigos que se reúnen cada miércoles a cenar y compiten por llevar al invitado más idiota. Mi impresión es que hoy en día asistimos a la adaptación política de esa obra de teatro. Cada semana se reúnen en el Parlamento e intentan invitar al electorado más idiota.
No se puede entender de otra manera la situación actual por el lenguaje que utilizan, las estrategias de distracción con éxito y sobre todo, los contenidos.
La primera reforma laboral de esta crisis, la del PSOE, nos invitaba a "remontar un pequeño bache" con "pequeños retoques" que abrieron la puerta para los posteriores "grandes ajustes y reformas". Nada de eso ha sucedido. Vamos a peor. La segunda reforma laboral de esta crisis, la del PP, era la "reforma imprescindible". La que iba a generar el punto de inflexión necesario para salir de ésta. Nada de eso ha sucedido. Vamos a peor.
Sin embargo, elección tras elección los partidos liberales y conservadores en todas los paises que forman el Estado Español -los que participan de esta comunión ideológica basada en el control del gasto sin renegociar los ingresos ni siquiera cuestionar los gastos- siguen ganando elecciones. A veces lo hacen escondidos tras una bandera como lo hará CiU en Catalunya y a veces simplemente desnudos, a pelo.
Surgen muchas preguntas ¿por qué se siguen votando fórmulas que en el pasado reciente han sido claramente perjudiciales y no han aportado nada? Y la pregunta del millón ¿por qué una parte del electorado es capaz de votar en contra de sus propios intereses? Esta segunda pregunta es la definitiva. La composición sociológica de España sitúa necesariamente entre el electorado de la derecha a un montón de gente muy directamente afectada por los recortes de salario indirecto -sanidad, justicia y educación universal y de calidad- que están efectuando los distintos gobiernos neoliberales (PP) y socioliberales (PSOE). Incluso muy directamente afectados por los recortes de salario directo -subida de impuestos- o diferidos -recorte de prestación de desempleo y pensiones-.
La teoría más al uso dice que vivimos en una sociedad individualista y que mira cada vez más por el beneficio propio y directo. Sin embargo, el comportamiento electoral niega sistemáticamente esa idea demostrando que amplias capas de población votan en contra de sus intereses. Solamente puede existir una explicación: el capitalismo de deseo les ha hecho confundi sus intereses.
Porque la otra explicación sería la ganadora en una cena de amigos.

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