Factory Town: The legend is back

Llevaba varias semanas bromeando sobre mi procedencia en conversaciones diversas. Nuestros más ilustres porteños  actuales ocupan programas en el fondo del cubo de la basura televisiva. Así que para explicar de dónde soy suelo decir que soy del pueblo de Rafa Mora y José Labrador con tanta carga irónica que un día se me caerá el guiño al suelo.
Por otro lado esta semana venía de Faura y me he fijado que los segregacionistas han vuelto a la carga. Han tachado los carteles que ponía "Port de Sagunt" con pintura blanca para poner "El Puerto" y me han venido a la cabeza un montón de recuerdos de plenos reventados y palabras amenazantes, signos de identidad de cinco números y caspa diversa.
Lo cierto es que me cuesta identifcarme con una parte del Puerto.... creo que todavía soy de aquel Puerto de Sagunto sin complejos de antes... Port de Sagunt para mis amigos de la facultad.
Mi identidad porteña se forjó en la manifestación de los niños del verano del 83 y estaba toda reunida el miércoles en la Plaza del Sol. Saludaba a mi gente. Por donde iba veía gente conocida, cómplices de una revolución inacabada. La gente que es cómo yo. Llevaban banderas de dignidad y se movían despacio pero con firmeza. Eran muchos, muchos más que quienes trivializan el mundo o lo atomizan hasta disolverlo como un azucarillo en el mar de la injusticia. Sonreían y se manifestaban con sus padres, con sus hijos, con sus nietos, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo, de colegio, de instituto. Contando anécdotas del cierre de una Fábrica con mayúsculas, de cuando la comisaria tenía techo, de pelotas de goma en Madrid. Gente que se ha criado con olor a libertad, que escondía en sus casas a los rebeldes y a los luchadores. Gente que cree en un yo colectivo, en un nosotros en un futuro imperfecto pero nunca subjuntivo. 
El miércoles me quedó claro. Si toda España fuera como mi pueblo Rajoy y Merkel estarían acojonados los dos, acorralados por un montón de argumentos, vencidos por su estrechez de miras, superados por una ola de gente corriente. 
En días como el de la huelga vuelves a escuchar el murmullo de la seña de identidad más propia del Puerto, su capacidad para revolverse y defenderse. Vuelves a leer a amigos que se enorgullecen de sus colegios cerrados y de formar parte de esa herencia. Vuelves a creer que tu pueblo está lleno de gente pequeña que hace cosas grandes. 
Hay otro Puerto como hay otra Valencia, y otra España y otra Europa. Hay otro mundo posible que empieza en la puerta de tu casa, ese lugar colectivo que compartimos. Y se llama calle... 

En mi película favorita, Beautifugl Girls, hay un diálogo que me encanta en el que un personaje le dice a otro "The legend is dead", la leyenda ha muerto para referirse a un pasado glorioso que no volverá. El miércoles al mirar toda la avenida Camp de Morvedre llena de gente, con todo el pueblo parado no pude evitar tener una sensación parecida a cuando entré en El Fornàs viniendo de la mani de los niños. La leyenda de la Ciudad Factoria ha vuelto. The legend is back. 
No será igual pero es lo que el presente nos deja y el futuro nos exige. 

Pasen un buen fin de semana.... y como diría la Pantoja.... sonrían que es lo que les jode.... 

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