Mahr y su mundo soñado

Desde que sellamos con la mirada una promesa de amor subjuntivo me puse a buscar una Mahr que se ajustara a sus dedos.
Fui a la Cueva de Ali Babá y pregunté a los cuarenta ladrones. Allí había oro, joyas, vestidos y perfumes pero nada que estuviera a su altura. Decorar con belleza la belleza oscurecía la luz y carecía de sentido. Pensé en una alfombra mágica que nos llevara juntos al lejano Oriente y ver por fin las pirámides que tanto atrajeron al Alquimista. Sobrevolando el desierto para llegar a un lugar donde de noche es de noche y contar estrellas hasta que se durmiera acariciándole el pelo. Volar a una altura donde nadie nos viera y todo lo subjuntivo acabara siendo imperativo. Pero las alfombras son demasiado grandes para dejarlas en un cajón de sastre y todos los hombres grises acabarían por descubrir nuestro secreto.
Sé que ella usa el velo de la timidez para esconder una sonrisa generosa y dejar ver solamente una mirada tierna. Así la vi por primera vez.
Pensé que la mejor Mahr sería una caja de galletas con letras de canciones que nunca escucharíamos juntos, promesas y expectativas de lo que hubiéramos llegado a ser, con postales de los viajes que nunca haríamos. Metí tantas cosas que no me dejé ninguna de las cosas que nunca pasaron. Y antes de cerrarlas; me metí yo. Cansado de vivir en una habitación llena de cuentos feos quise vivir en sus sueños. Desde entonces aquí estoy. Metido en una caja de galletas. Alimentándome de sus sueños. En las noches en que ella sueña con el mar puedo escuchar el sonido de las olas, bañarme en un mar tranquilo y cálido. En las noches en que tiene pesadillas huyó con el peso de unos grilletes en las piernas. Ahora por fin conozco todos sus deseos, lo que le gustaría ser, cuando le gustaría ser abrazada y cuando acariciada. Sé lo que le emociona y lo que le aburre. Sé que a veces se hace pequeñita y otras sabe que es grande. Y algunas noches hasta ocurre que ella sueña que hago el amor con ella sin saber que soy yo.
Sé que el día que ella deje de soñar moriré asfixiado en una caja de galletas oxidada y fría. Y aunque nunca fui un mago siempre fui un buen escapista. Pero todavía me resisto a salir. Salvo que ella frote la caja y pida un deseo.

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