Estrategías inertes

Si analizamos las estrategias con las que se conducen las fuerzas políticas municipales y vemos a qué resultados nos llevan nos encontramos que:
El submarino. El PP funciona como un submarino. Intenta ser invisible pero sigue vigilando con el periscopio todo lo que sucede en tierra. Hace una navegación silenciosa a la espera de que las cifras macroeconómicas mejoren. No olvidemos que tener una marca estatal tiene sus hipotecas y lo que hace Rajoy siempre le salpica a Castelló.
Suma Cero. La estrategia del PSOE es la de un partido que utiliza toda su fuerza de manera centrífuga. Dificilmente consigue conectar con ningún espacio social hace tiempo y vive de la alternancia y del miedo a la caverna de la derechona. Estrategias ambas agotadas cuando las fuentes del miedo beben de cumbres superiores. Sus partículas chocan tan constantemente que toda la energía explota dentro.
Dragón. Bloc-Compromís es sin duda la estrategia más brillante aunque no totalmente reflexiva. Por un parte se contagian de la rebeldía e irreverencia que Compromís ha conseguido poner en el escaparate y por otro construyen una identidad local complementaria de corte localísimo. Es un dragón de dos cabezas al que solamente le falla el fuego que tira por la boca.
El nómada neolítico. Izquierda Unida se dedica a ser un nómada neolítico. En una época en que el sedentarismo triunfa sigue en un viaje identitario perpetuo, intentando encontrar el espejo adecuado. Planta ideas y contrata recolectores a la espera que el buen tiempo de la indignación acabe por obtener una buena cosecha. Su interés central nunca ha sido lo local lo que hace que les cueste hacer política municipal. Se encuentran más cómodos en las montañas de lo abstracto.
El pitufo gruñón. Los segregacionistas han perdido muchísima épica. Cada vez que ha surgido la oportunidad se han subido al tranvía del desarrollismo low cost liberal de toda la vida. Necesitan un conflicto permanente en la aldea que sea susceptible de ser entendido por sus bases y dramatizan cada una de esas posibilidades. Sin embargo, sin misión suprema ni tierra prometida, tendrán que encontrar unas nuevas tablas de la ley. Mientras tanto intentan atraer zarzas ardiendo.

Somos un coche sin conductor, el del asiento de al lado está discutiendo por teléfono, y de los tres de atrás solamente uno tiene un mapa de ruta. Y eso está bien... pero así nos va... cuando el coche no está parado acabamos por estrellarnos.

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