Los fanáticos y el Papa


El miércoles fui a Mestalla. Yo fui uno de esos fanáticos del futbol que cometía torpezas como ir dos veces a Madrid en menos de tres días para ver una final de Copa del Rey en plena época de exámenes.
Había cosas que no recordaba. Estuve observando a la Curva Nord. De las pocas travesuras que he hecho en mi adolescencia está la de ir a ponerme justo en el centro de un grupo ultra en Mestalla. Eran los Yomus de la época. Como digo, había cosas que no recordaba. No recordaba ese personaje de toda peña ultra que se sitúa de espaldas al campo y se dedica a dirigir el coro de voces y animar los tifos. Se olvida completamente del partido porque su misión es más alta y digna. La de animar al equipo. Es su manera de considerar qeu tiene una misión superior y que de alguna manera forma parte del éxito o del fracaso. Su manera de participar desde la grada de una victoria o de una derrota.
Sin embargo, la realidad es otra. Vive desconectado del juego. Se ha convertido en un fanático de voceros cuya única misión es repartir consignas que repetidas hasta la saciedad puedan parecer verdades. Como que la Curva Nord ni está en el nord ni se escribe curva.
No pude evitar recordar mi filosofia de vida desde pequeño. La vida es fútbol. Efectivamente, una parte importante de nuestros gestores de poder político vive de espaldas al campo y simplemente se limita a repartir consignas que los voceros corean y el resto del campo escucha y acepta como dogma.
Explica Gene Sharp en los métodos de resistencia pacífica que la única manera de reconducir un poder autocrático o de democracia de baja calidad es remover las bases sociológicas que lo sustentan. Y eso es lo más preocupante. Nuestra derecha sociológica se ha vuelto socioilógica. Es capaz de justificar casi todo con un fanatismo preocupante. Son capaces de decir una cosa y toda la contraria. En el otro lado sí que se produce una crítica y una desviación de capacidad crítica hacia otras opciones. En la derecha no. Todo es justificable. Y todo es todo. Incluso la violencia policial, el soborno, la estafa y la mentira. Simplemente diciendo que hay una conspiración todo queda resuelto.
De toda esa base sociológica de la derecha lo que más me llama la atención es la democracia cristiana. En este país tiene que haber democracia cristiana como en todos los paises. Y no entiendo su posición. Desde el punto de vista católico y cristiano la mayor parte de la cosas que han sucedido son moralmente muy reprobables. Y sin embargo no detecto una desafección sino una rigidez rocosa y enrocada.
El Papa ha dimitido porque no se encuentra con fuerzas. Ha roto el dogma de morir en la cruz como la ortodoxia, por ejemplo, el obispo de Crackovia le reclamaba. Me gustaría pensar que más católicos y cristianos son capaces de romper dogmas.
Pasen un buen fin de semana.

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