Mi historia interminable


Cada coletazo de la bruja de la realidad rompía el frasco de mis vitaminas para la locura. Y tenía que recogerlas una a una para poder recomponer el frasco.
Cada terremoto en la Nada hacía pedazos mi escudo de certeza. Miré en tu bola de cristal y no encontré el fantasma de mi futuro. Y cuántos más peldaños subía de la Escalera de Letras Vacías más me parecía estar cerca del inicio.
Sentí el vértigo de tener los pies en la tierra. Subido en la cima de la Montaña Errante fruto de una pesadilla repetida mil veces. Soportando el viento de la ingenuidad y la sed de tus pensamientos. Volando a lomos de un dragón blanco lleno de esperanza. Descansando en una tregua de la permanente guerra del deseo.
A veces la Nada avanza a costa de los sueños impropios que nunca son compartidos. Los sueños que nunca llegan a nacer y se quedan para siempre escondidos. Sueños tuyos y míos que nunca llegaron ser nuestros.
Cuántos más deseos le pido menos recuerdos me quedan de la Emperatriz Infantil. Y la necesito para seguir soñando. Porque descubro que me queda el mismo tiempo que a Vetusta Morla antes de volver a cambiar de nombre. Y mi único refugio es la Gran Búsqueda para salvar a Fantasía de la Nada. Girar el Esplendor y leer un mensaje: Haz lo que quieras. Seguir el sendero de la belleza y mecerla entre mis brazos. Es lo que quiero. Descubrir el vencedor de la batalla entre Bastian y Atreyu.

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