Mi segunda reconversión

Durante el año 1983 el Puerto de Sagunto y toda su comarca afrontó una lucha por la supervivencia. Me tocó vivir en casa la reconversión siderúrgica en España porque mi padre trabaja en Fábrica. La vivimos con mucha proximidad lo que insertó en mi adn una cierta admiración por lo colectivo.
Creo que la única anécdota que me queda por contar de aquella lucha es la del día que no podía salir de casa hasta la hora de cacerolada. Para un niño de once años no salir de casa en todo el día era todo un reto. Pero como siempre he sido un niño raro con un mundo interior tan grande, necesitaba mucho tiempo para recorrerlo y el exterior me daba un poquito igual. Recuerdo que aquel día tocaron a la puerta. Era un amigo cuyo padre no trabajaba en la Fàbrica y venía a preguntar aquello de "baja Carlos?" Y le dije que no. Que ese día no se salía a la calle porque los padres estaban luchando mucho por su empleo.

Treinta años después me toca vivir la reconversión financiera. Mis manos no son de acero del mineral que trabajé y ni siquiera a hierro me crié. Estudié todo lo que pude hipnotizado por las promesas que nos hicieron como generación de que seríamos grandes triunfadores. Las facultades de económicas se poblaban de ambición y algo de vanidad. Y conseguí un empleo en una Caja de Ahorros. Las mismas que han fusilado bajo la mirada impasible de la opinión pública. Ahora trabajo en un banco y afrontamos una reconversión financiera. No tenemos un informe Kawasaki al que cogernos. Seguramente ustedes creerán que somos una especie de monstruos sin escrúpulos.
Sin embargo yo recuerdo las cargas de la policia y los pelotazos de goma que recibían mis padres. Y ahora nos lo pegan en reuniones de castigo cuando una campaña no va bien. Nos convirtieron en antidisturbios comerciales que salen a repartir el producto que esté de campaña sin mirar a quién golpeamos. Nos amenazan con jugarnos el pan de nuestras familias para colocar lo que haya que colocar.
Como decía el replicante de Blade Runner yo esta semana he visto cosas que vosotros no imagináis. He visto mujeres dispuestas a renunciar a su trabajo con tal de que no las separen de sus hijos. He visto hombres con cuarenta años de trabajo a sus espaldas con miedo a ser despedidos por la fecha de su carnet de identidad. He visto directores honrados separados de sus cargos por no seguir las instrucciones de aquella y esta nueva banca que se olvida de la gente.
No recogeremos 500.000 firmas. Y no pedimos lástima. Solamente respeto. Cuando entren en su banco recuerden siempre que esos que les atienden demasiadas veces obedecen órdenes absurdas por miedo. El mismo que tenemos todos. Pero el miedo también se reconvertirá. Será mi tercera reconversión.

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