Una butaca vacía

Vivimos entre dos mundos. Un mundo exterior y un mundo interior. Cuando uno de los dos se hipertrofia el otro se resiente. Durante un tiempo traté de encontrar la justicia y el equilibrio en el mundo exterior. Y acabé por encontrar mis primeras grietas en mi mundo interior. Seguí empeñado en convertir el mundo exterior en algo coherente mientras mi mundo interior se tornaba incoherente.

La crisis ha hecho que acabemos siempre hablando del mundo exterior, insistiendo en la necesidad de mayores dosis de justicia y equilibrio. Y para ello en más compromiso colectivo. Hoy me dirijo a su otro mundo. A su mundo interior.

Cada vez que me ha explotado una crisis interna he tenido dificultades para parar mi cabeza. Mi cerebro se convierte en un DVD a 16x de velocidad. La mayor parte de ustedes tiene botón de off. Yo no. Así que lo único que me funciona en esas situaciones críticas es ir al cine.

Creo que nunca hemos hablado de cine ustedes y yo. Nos invaden tantas cosas feas que se nos olvida la belleza de algunas cosas bonitas. La oscuridad de un cine me permite salirme de mi mismo y meterme en la pantalla. Y muchas veces me pregunto cuánto de lo que soy ahora forma parte de un guión de una película que no recuerdo pero vi hace mucho tiempo.

Quizá éste sea uno más de mis falsos recuerdos pero de pequeño mi padre me llevó al cine a ver El Álamo. Digo que debe ser falso porque la película es del 60 y yo para tener recuerdos debí verla a partir del 75. No lo sé.. en aquella época había doble sesión y se reponía mucho cine. Todo es posible y además mi recuerdo es mío y lo vivo como real porque la realidad es lo que se vive como real. Por eso los sueños parecen reales.

Me pregunto si no vendrá de allí mi extraordinaria tendencia hacia lo minoritario mezclado con algo de épica, a la defensa de causas tan justas como perdidas mientras llega el ejército de la mayoría llega a Texas y las asume.

En todo caso, la épica del cine es la que ayuda a vivir la vida con una épica poco pragmática. Hacer cosas extraordinarias que merecerían un buen plano corto. Construir escenas con el sonido de una buena banda sonora. La épica de los recuerdos del cine es la que permite vivir los amores con intensidad. Quizá entrar en el trabajo de su amada y llevarsela en brazos como hizo Richard Gere en Oficial y Caballero. Quizá sacarla a bailar como Dirty Dancing y acabar con un salto al aire. Quizá defender la verdad frente a cualquier caza de brujas de presión social deseando Buenas noches y buena suerte, o quizá estar predestinados como Otto y Ana, Los Amantes del Círculo Polar. Enseñar a un niño como se vive en la huida permanente del miedo de una dictadura diciéndole que Houdini no era un mago, era un escapista. La manera de esconder un Te quiero tras un Como desees de la Princesa Prometida. Ver cosas que nadie ha visto. Ver naves ardiendo más allá de Orión. Y perderse en las calles de Tokyo cuando uno se siente perdido en la vida.


Durante mucho tiempo hemos dedicado este radioblog al mundo de fuera, al que compartimos. Durante mucho tiempo hubo una butaca vacía en un cine. Y ahora en época de crisis la única manera es construir un guión nuevo, con una melodía melodía nueva. Y con nuevos personajes. Es volver a ir al cine.

Vivimos entre dos mundos. Un mundo antiguo y un mundo nuevo. Y el mundo nuevo, el nuevo mundo posible, puede nacer de una butaca que un día estuvo vacía.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com