Las horas negras ¿Qué le pasará a mi banco?

En un post anterior analizaba el proceso que ha desencadenado en la situación actual. Ahora convendría analizar el presente para saber en qué encerronas nos estamos metiendo para el futuro y cuál es el futuro de los profesionales del mundo financiero.
Para hacerlo usaremos algunas de las claves del presente con proyección de futuro.

  • La trivialización profesional. El profesional de banca ha vaciado sus funciones. En estos momentos es un mero contactador. Como contactador es un contactador caro ya que en otros sectores los contactadores son mucho más baratos. Sin valor añadido es difícil justificar sueldos altos de ahí también -en parte- la constante devaluación salarial y las salidas de personal. El valor añadido del profesional de banca es su valor relacional y su criterio de riesgo. El valor relacional se ha reducido con la especialización (los mejores clientes están en Banca Privada o Banca de Empresas) y el criterio de riesgo es innecesario con la no concesión. Eso conduce a la ubicación de nuevos profesionales con el valor añadido amputado. Estos profesionales podrán adaptarse o no a la nueva situación de recuperación del mercado de crédito de toda la vida. En todo caso, habrá errores de inexperiencia e incluso de capacidad. Un apartado importante a estudiar desde la perspectiva de género seria la coincidencia temporal entre el acceso masivo de la mujer a los cargos de dirección y su inmediato desprestigio y vaciado profesional tal y como ha ocurrido en otros segmentos profesionales en el pasado. No es objeto del análisis de hoy. 
  • La parabanca. Desaparecida la banca tradicional de captación de dinero y concesión de crédito, la banca abandona el nudo de enlace de concesión y asignación de recursos a los más capaces. Cierra el emprendimiento sin asumir su papel decisorio a la hora de valorar la capacidad de los emprendedores. El emprendimiento surgirá alejado de la banca con lo que eso supone en términos psicológicos y conceptuales. Sería un umbral máximo de exclusión financiera. Los mejores aprenden a sobrevivir al margen de lo financiero o con menos alimento financiero. Cuidado. En este sentido para la situación actual la metáfora más sencilla es la parafarmacia. Una farmacia que no puede vender medicamentos. Ahora la banca es eso. Una banca que no puede vender préstamos es una parabanca. Puede subsistir a corto plazo pero necesita volver a ser lo que fue. Se puede vivir de cremas hidratantes financieras un tiempo pero no todo el tiempo. 
  • Las horas negras. Las horas negras son las horas extraordinarias no declaradas, ni remuneraadas ni reconocidas. Independientemente de la estafa de empleo y de impuestos que suponen se hacen casi imprescindibles para sobrevivir como profesional. Un sistema de banca basado en la parabanca y la contactación exige una dedicación temporal sin densidad. La extensión horaria es imprescindible para conseguir algún resultado. Una comisión de apertura de un 1% (baja) de un préstamo de 100.000 euros (normalito) genera 1.000 euros de comisión y unas pocas horas de trabajo (productividad alta). Para conseguir 1.000 euros de comisión en seguros hay que dedicar muchísimas horas (productividad baja pero prolongación de jornada segura). De seguir así las plantillas ahora jóvenes llegaran a mayores con bajas médicas considerables de carácter psicosocial y muscular. Sin descanso no hay rendimientos a largo plazo. Aunque para entonces una reforma laboral permitirá una rotación laboral ajustada a las necesidades de alguna mente pensante de RRHH. El mejor termómetro actual son los deseos de acogida de bajas voluntarias en amplias capas de profesionales del sector. La silla del banco quema. Está bien pagada pero la temperatura es altísima hoy mismo. 
  • La burocratización. El movimiento pendular del descontrol es el control absoluto. Las entidades se han burocratizado. Para dar un paso hay que dar diez o quince pasos laterales en sentidos contrapuestos y entonces dar un al frente. La lentitud genera rendimientos decrecientes. Es cavar tu propia tumba. Es imposible asumir una fase de crecimiento con lentitud. El darwinismo corporativo tiene como base que sobrevive el más rápido. 
  • La retribución variable seguirá marcando la consecución de objetivos socialmente tóxicos de otro tipo de productos nuevos en el futuro como los contratos de asesoramiento -la nueva banca- que no sean convenientemente bien explicados. 
  • La gestión del talento. El presente siempre obliga a proyectar el futuro con bases actuales. La planificación no suele tener en cuenta evoluciones posibles sino que siempre marca lineas rectas de situación actual. Para manejar un tipo de banca se están buscando cargos intermedios de gestión de obediencia. El modelo de atomización cerebral de banco de los noventa, horizontalización + autonomnia + atención de proximidad desaparecerá en base a un elemento central de diseño + distancia + atención de especialidad. Se ha desdeñado un modelo por una coyuntura y para eso se estanca el pensamiento corporativo de manera que cada célula siga en una casilla sin contacto con el resto. Solamente una visión cenital es capaz de controlar todo el panal. Si ese elemento central falla el error sí que será sistémico. Los mecanismos de control de gestión del poder desaparecerán  En las Cajas los mecanismos existían aunque fueran mal ejercidos. En un sistema de banca estricto no habrá mecanismos de control internos. Los externos serán las bolsas internacionales. En los bancos los cargos intermedios se les exige más disciplina de aportaciones, más obediencia que pensamiento y más coordinación que liderazgo. Lo interno sigue patinando. 
  • Exclusión financiera. Tendrá dos variantes. La exclusión financiera territorial. Los territorios sin rentabilidad (pueblos pequeños o poblaciones alejadas) no resultaran rentables en cuanto a costes de instalación así que irán desapareciendo. Amplias capas de población tendrán que desplazarse para recibir servicios financieros de calidad. La otra exclusión financiera será personal. Un porcentaje entre el 5% y el 10% de la población no podrá asumir los costes de los servicios financieros y deberá acudir a sistemas de otro tipo (prestamistas, manejo de efectivo con sus riesgos... ). 
  • Oligopolio. Esto es más un riesgo de la sociedad que un riesgo profesional. Los profesionales de un oligopolio tienen menos problemas. Precios semipactados y mercado controlado permiten cierta serenidad en el trabajo como demuestran los sectores de energía o telecomunicaciones. Ahora bien, desde un punto de vista social esto generará inflación de costes de servicios financieros y un seguro apostamiento de las entidades como francotirador- lobby económico de primera magnitud. 
  • La vigilancia seguramente mejorará. Es una de las pocas lecciones que debería fácilmente sacarse de la actual situación. Ni el Banco de España ni las entidades de calificación han resultado ni resultan entes útiles para vigilar. Tampoco los mecanismos actuales parecen suficientes a pesar de que la tecnología permite más que nunca un Gran Hermano bancario. 
  • La desconfianza. Los desmanes actuales se han basado en la confianza. La cultura financiera en España era escasa en los ochenta y noventa. La acumulación de dinero de las ventas de terrenos y casas hizo que determinadas personas se encontraran con dinero y sin cultura de inversión. La banca aprovechó la circunstancia para vender lo que le interesaba. Esta situación ha invertido la cultura del ladrillo y ha dejado paso al ahorro del ladrillo. Acudir a un banco supone asumir una situación de desconfianza. Vencer esa desconfianza va a ser un reto difícil de conseguir a pesar de la estructural falta de memoria habitual en España. Construir un negocio rentable desde la desconfianza es dificil si no cuenta con los mimbres adecuados que son... 
  • La redefinición de la banca tradicional. Los pilares de la banca de siempre son la discreción, la confianza y la prudencia. Lo realmente difícil va a ser redefinir que es la discreción en un mundo dominado por la transparencia y la sobreinformación de todo tipo (buena y mala), la confianza -que ya hemos tratado- y la prudencia en un mundo donde sin riesgo no hay beneficio. 
  • La interacción social. La dinerarización de la economia hace dificil que los bancos estrechen la mano de las sociedades a las que sirven. La Obra Social de las antiguas Cajas será difícilmente entendida por accionistas que desean ver que sus acciones generan beneficio directo y no indirecto. La única posibilidad es el canal de la Reputación Social Corporativa que es un mecanismo básico de generación de confianza social. La rotación laboral de empleados dispersos geográficamente y en movimiento constante no ayudará ni a la integración social ni tampoco a la generación de confianza. Parece poco probable que se recupere el arraigo aunque quizá sería el camino más adecuado. 

Un economista es alguien capaz de explicarte el pasado. Un consultor-auditor es alguien capaz de interpretar el presente. Un filósofo es alguien capaz de discernir los futuros posibles. Yo no soy un filósofo ni mucho menos. Mi visión es de luces cortas pero quizá habría que dar más filosofía en las universidades y menos econometría. 

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