Viajar

Cuando ustedes escuchen esto yo estaré camino de Jordania en busca de Simbad el Marino. El mundo se ha hecho tan feo que nos roban la agenda de la belleza. Nos cuentan malas noticias como Scherezade intentaba captar el interés del Rey en Las mil y una noches. Y nos contaminan de cuentos feos. Como si la Ratita presumida en realidad fuera una golfa o La Bella Durmiente tuviera insomnio. Todavía quedan cuentos bonitos aunque haya poca gente dispuesta a contarlos.

Sé que estaré cerca de Siria donde se libra "el invierno árabe" y muere mucha más gente que en otros lugares sin salir en la tele y sin que les dediquemos ni siquiera un segundo de silencio. Pero no me robaran la agenda. Me voy con mi libreta. Siempre llevo cámara y libreta cuando viajo porque hay cosas que no se pueden fotografiar. Es cuando una palabra dice más que mil imágenes.
Estando de viaje no me pueden robar mi agenda porque no la tengo. La dejo en casa. Y así les puedo hablar de otra de mis pasiones. Viajar.

Descubrí el placer de viajar muy tarde por culpa del trastorno alimentario que hizo que tuviera miedo a casi todo menos a lo que nunca tuve miedo. Y ahora no soporto estar sin viajar demasiado tiempo. Viajar me permite compartir tiempo de calidad. El tiempo tiene densidad. Ustedes ya lo habrán notado. Hay tiempo sólido que se queda para siempre, hay tiempo líquido que vuelve a nuestra mente cuando lo deseamos y hay tiempo gasesoso que se evapora ante nuestros ojos.
El viaje es lo que permite saber que hay otras maneras de hacer las cosas. Maneras mejores y maneras peores o maneras simplemente diferentes. Y por eso te obligas a recordar que hay pensamientos múltiples y no únicos como nos quieren hacer creer. Siempre hay otras elecciones posibles. Viajando uno sabe que lo que uno da por sentado otro lo da por dormido. La interacción colectiva, los cuentos que somos capaces de contarnos unos a otros, determinan nuestra riqueza y lo que somos capaces de hacer. Si aquí la corrupción es una vegetación que crece es porque hay tierra fértil. Nos contamos historias de Ali Babá y los Cuarenta Ladrones como si fueran el cuento definitivo. Y nos quedamos profundamente dormidos tras escucharlo en lugar de levantarnos y gritar.

Viajar nos permite compartir ese tiempo de calidad con gente de calidad, con padres, amigos o esa persona especial que todavía nos hace brillar los ojos. Hacemos fotos. Capturamos los instantes como si coleccionáramos recuerdos. Y al volver nuestra memoria escoge recordar lo que no podemos olvidar.
Viajar me permite convertirme en otra persona. Normalmente vuelvo a ser niño. Vuelvo a ser tímido y callado. Lo miro todo como entonces. Aprendiendo desde la sorpresa que puedo ser otra persona, que fui otra persona. Me voy de vacaciones de mi mismo. Me convierto en un personaje que nadie conoce en un persona que desconozco. Soy capaz de mirarme en el espejo de mi sombra.
El viaje es divertido porque la anormalidad es una normalidad breve. Y lo bonito si breve es dos veces bonito. Un viaje es los errores que se cometen mientras se viaja. Un viaje es las veces que nos perdemos. Un viaje es la decepción de un lugar demasiado caro. Un viaje es un encuentro inesperado de un lugar perdido que nadie más encuentra. Un viaje es lo que pasa mientras viajamos. Como la vida es lo que pasa mientras vivimos.

Estaré en Jordania. Cuando vuelva ya les enseño las fotos por aquí por la radio.

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