Violencia

Hace poco que empecé a editar el documental que tengo pendiente sobre el cierre de la Fàbrica. Me he quedado justo en la noticia en la que un trabajador recibe un disparo de bala de la polícia. Al enterarse de la noticia medio pueblo acudió a la comisaria donde se quemaron algunas furgonetas de la policia y se acorraló el edificio. Recuerdo bien ir al día siguiente al colegio y ver las furgonetas quemadas en la calle. Eso fue hace treinta años.

Hace veinte años Guillem Agulló un adolescente se fue de acampada a Montanejos y nunca volvió. Fue asesinado por un nazi de una cuchillada. En la últimas elecciones su asesino se presentó a las elecciones municipales en una lista en Chiva. Yo estaba en la universidad. Era un poco mayor que él.

En estos veinte años las sedes y los dirigentes nacionalistas valencianos han tenido artefactos explosivos, pintadas, lanzamientos de piedras a la cabeza y amenazas verbales de diversa índole. Es lo que conozco porque yo lo he vivido. Nunca fue portada. Nadie le prestó atención. Parecía que a la gente le daba un poco igual.

Esta semana se habla mucho de los escraches como intimidación desbordada. Se les ha llamado proetarras. Se debate ampliamente sobre si es un método adecuado o no. También un dirigente del PP ha dicho que le reventará la cabeza al perroflauta que ose acercarse a él o a su familia ejerciendo el derecho a la legítima defensa.

Finalmente, el alcalde de Burjassot ha recibido amenazas de muerte y una denuncia de un grupo de ultraderecha por no permitir que ocuparan la via pública con panfletos de su ideologia. También les han dicho que los van a matar a Mónica Oltra, Enric Morera y Josep Maria Pañella.

No sé si ustedes lo han notado pero el nivel de violencia sube. Incluso Standard and Poors se ha dado cuenta de que España está al borde del estallido social.

No he hecho mención del terrorismo de ETA de todos conocido por su intensidad sanguinaria y su nivel de organización. Me he referido a reacciones más o menos individuales o no planificadas. A la violencia ideológica más cotidiana.

Todos en algún momento hemos sentido un arrebato de rabia. Yo mismo trato de contenerme a veces incluso cuando tengo que escribir o debatir. Trato de contenerme porque nunca se construyó nada inteligente exclusivamente desde la rabia. La violencia surge de la desesperación y la desesperanza. De tener la sensación de que es el último reducto que te queda. La catarsis de tu dolor. Debatir sobre qué nivel de violencia es aceptable es un debate inaceptable. Si las instituciones funcionaran democráticamente serían permeables y atacarían el problema de origen directamente. Si se solucionan los problemas, si se maneja la esperanza y se atenúa el dolor, la violencia desaparece.
Mientras tanto debatir, estigmatizar y mandar a la polícia generará una espiral creciente de víctima verdugo. Los buenos políticos evitan escraches antes de que nazcan.

Buen fin de semana.


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