Gatopardismo

Se llama Gatopardismo a la estrategia circular consistente en que parezca que pasa de todo para que al final no pase de nada. Está basada en la película El Gatopardo de Visconti.

La situación de partida es una economia basada en bajos costes laborales, intensivo en mano de obra, con escasa tecnología y con formación media-baja. El país se llama España. Las transferencias de capital de la Unión Europea para la cohesión regional y la burbuja inmobiliaria desequilibran esa situación con entrada de tecnología y salto cualitativo de formación en algunos segmentos de las últimas generaciones. Esto supone un riesgo para el norte de Europa de competencia laboral y de economía productiva. Por suerte para el norte, los españoles cuentan con una clase dirigente (política, empresarial, etc.. ) despilfarradora, corrupta y acostumbrada a una brecha de desigualdad que cuenta con el consentimiento y el goce electoral de la mayoría de la población de la cual parecen constituir su reflejo.
Para corregir el desequilibrio se contrae la economía con recortes (austeridad) mediante la fijación constitucional de un límite de déficit (ideologización constitucional) y unos plazos de urgencia. Se cierra el grifo del crédito al sur de golpe y sin desaceleración previa. El norte apenas sufre porque se financia a coste cero y la inflación (la obsesión alemana) se mantiene o incluso desciende.
La derecha política triunfa al ser la única con capacidad para resolver ideológicamente la situación sin contradicciones de los recortes sociales. Se aprovecha para instaurar una teoría económica de anglosajonización del mundo (lo individual por encima de lo colectivo). Pero esa derecha sufre un pequeño desgaste electoral (estadísticas del CIS).
Nos encontramos con una masa laboral acojonada por la posibilidad de perder el trabajo gracias a sucesivas reformas laborales que abaratan el despido. Otra masa laboral desesperada por no tener trabajo (y tampoco formación o excesiva formación). Compiten por salarios bajos. Ambas masas convienen que cualquier empleo es mejor que el paro. Se reafirma el modelo de costes salariales bajos, intensivos en mano de obra sin tecnología y formación baja. Los de formación alta se movilizan al exterior. España vuelve a ser el país de la siesta, el sol y camareros (vagos en todo caso eso sí). Entonces ya se puede abandonar la austeridad con incentivos al emprendimiento (autónomos gratis que trabajan para flotar) y la contratación para minijobs y trabajos basura. La gente lo asume con naturalidad como la "única solución posible". Las cifras de paro descienden aunque los trabajadores se reparten la misma renta disponible. Aparece un crecimiento débil.
Para recuperar electoralmente la desgastada derecha se azuza el tema de la inmigración. Los competidores por trabajos basura se dividen en nacionales y extranjeros. Se culpa a los extranjeros (no votan o votan poco) y se defiende a los nacionales. La memoria de los votantes es corta y el criterio es siempre emocional. La creación de un enemigo siempre funciona.

Volvemos a situación inicial. España es un país de costes laborales bajos, intensivo en mano de obra...


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