DIA 1 Fiordos Noruegos


Pau grita en su bebelengua que va a subir al tren. Toda la estación es capaz de oirle pero le da igual. Va a descubrir algo que no recordará. He leido que la memoria anterior a los cuatro años no existe porque las neuronas se regeneran por completo en el proceso de crecimiento.
Subir al tren es tomarme un vagón de calma. Miro la ventana y quedo en un proceso hipnótico y narcótico. Me alivia el peso que casi siempre llevo en el pecho y me pesa tanto desde que era pequeño que ando agachado. Me molesta la gente que verbalice lo que piensa y sin embargo yo escribo lo que pienso. Pero yo no molesto. Quien quiere lee pero no obligo a leer. Sin embargo, la gente habla todo lo que piensa, pensamiento hablado.

Hago fotos y cuando las miro me doy cuenta de que las fotos, como las narraciones, hacen más bonitas las cosas, al minuto siguiente la puesta de sol en una foto parece más bonita que cuando la viste. Parece que nuestra memoria actúa como una especie de Instagram cerebral. Apoyo la cabeza en la ventana. Hemos inventado también el aire fresco artificial. En  el canal del tren se escucha Te recuerdo Amanda de Victor Jara. Curioso que en un país donde lee poca gente y menos poesía, el tren incluya poesía en sus canales. Será la variante cultural del aeropuerto sin aviones. Como un juego extraño en el que una abeja intentará comunicarse con una tortuga. La única manera es compartir una flor.

Paso tantas horas al día solo que tengo que entrenar la compañía. En los viajes la convivencia es de 24 horas. Yo necesito espacios de soledad lo que no me hace ser especialmente simpático. No es que me moleste la gente. Es que me gusta estar un rato conmigo.

Pau no cena bien. En el fondo me reconforta saber que quizá haya un mensaje genético. Viendo como se comporta mi hermana y mi cuñado dudo mucho que haya un componente educacional. Creo que directamente el niño tiene un criterio escogido. Es el contrario que el mío. Yo me negué a masticar y quise seguir comiendo sabores suaves y texturas lineales sin mezcla. No recuerdo porqué lo hice pero me gustaría pensar que fue mi decisión y que mi madre no tuvo culpa ninguna. Viendo a Pau recuerdo mis arcadas al meter algo en la boca que yo no quería. Era superior a mi. Ahora como casi de todo pero todavía sé lo que es la insoportable sensación de la epiglotis disparando hacia fuera cuando sale una espina o un asqueroso hueso en la boca. Pau viene con un código de barras escrito. Es inquieto y tozudo. Podría ser tranquilo y quejica pero no, es inquieto y tozudo. Maneja la escenografía pública y ya conoce todos los resortes emocionales. Si hay un cierre paternal busca el de los abuelos. Sabe cambiar de la insistencia gritona a la mirada de cordero degollado. El aprendizaje emocional va como una locomotora. 

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