Fiordos noruegos Dia 3


Un crucero con tanta gente y gente mayor es un barco lleno de naufrágos. Todo el mundo parece ir perdido sin saber donde está su próximo destino. Necesitan preguntarlo todo. Cualquier cosa por mínima que sea.

Duermo en una litera. Sería capaz de dormir en cualquier parte. A las nueve no soy nadie. Me gustaría decir otra cosa pero mi cuerpo envía señales claras.

Hay gente por todas partes. Cuando empiecen las excursiones será todo más fácil.
Estoy en la zona wifi. Escucho las disquisiciones de la gente mayor respecto a las nuevas tecnologías.

La sociedad vista desde arriba debe ser así. Lo que ocurre es que yo no lo veo. Cualquier relato del tipo que sea mínimamente elaborado excluye un 80% de la población. Aquí resulta más visible.
Andamos en un centrocomercial flotante. Juego, bebida y comida a todas horas. Una selva de venta cruzada constante sumergida en ese murmullo de fondo típicamente latino. Apenas he encontrado algunos refugios secretos donde hay gente que roba algunos rayos de sol mientras lee. La soledad en este sitio debe costar mucho dinero. Hay 1600 pasajeros, los espacios comunes son un tiovivo constante de gente pasando. Todo se convierte en una atracción. Incluso el gimnasio. Todo el espacio es una acumulación de colores con peso visual. Los dorados constantes me llaman especialmente la atención.

En un paisaje así lo relevante es la experiencia familiar. Tras comer me dejan a Pau por si lo convenzo para dormir la siesta. En el camarote ponen una peli de dibujos de un niño que corta todos los árboles para conseguir dinero hasta que un día  ya no quedan árboles. A él le da igual. Se queda frito en la cama. Es bonito sentir como un niño se te duerme en los brazos. Forma parte de la sobrino experience.

El viaje y la convivencia a cada minuto da una perspectiva bastante realista de lo que es ser padre. Y la verdad, no parece nada fácil y más para mi que hago desde pequeño lo que me da la gana. Creo que todavía me siento cómodo en el rol de hijo….

Está todo incluido pero nosotros no amortizaremos el todo. No bebemos alcohol ni tampoco somos de bares. La temperatura no da de sí para las cubiertas y mucho menos las piscinas. El baby club para Pau no tiene ni cuatro metros cuadrados. Por suerte, para Pau ir descubriendo el barco ya es bastante divertido.

Esta tarde es el cocktail del capitán. En el anterior crucero ya me pareció algo difícil de entender e imposible de compartir. Gente arreglada como si fuera una boda. La moda femenina ya me parece exagerada para esas bodas pero de la masculina entiendo más. Se nota que no tienen costumbre de arreglarse. Pantalones de distinto color en traje, corbatas imposibles o excesos como raso y trajes blancos. Creo que la distinción está en la discreción y este tipo de actos ostentosos es casi un baile de disfraces en el que la clase media se disfraza de clase alta a modo de salto social instantáneo y caduco.

Por fin, un instante de paz al sonido de Tears in heaven de Eric Clapton. Una guitarra y un micro son capaces de crear una atmosfera. Hace una hora que he oido Tarzan Boy de Baltimora. Eso debía estar en el Boom 1. No parece preocuparles seguir viviendo en los ochenta. Quizá alguién paró el tiempo entonces en este barco.

Creo que me siento más cómodo en el reverso de la moneda. En el lugar donde se produce la ausencia. En el lugar donde sucede lo que no sucede en otras partes. Quizá es que me gusta mirar de lejos.

Unas mujeres vienen al puesto wifi. Es el lugar más tranquilo del barco. Por cuestión de público objetivo. Una mujer dice que no se fia de Microsoft, ni de Google, ni de Facebook, ni de  Twitter. Yo tampoco señora. Y creo que Google tampoco se fia de mi. Parece que la CIA tampoco lo hace. 

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