Fiordos noruegos Dia 5


Hoy llegamos a Bergen. Se supone que nuestra visita es Bergen por libre. Bergen es una ciudad costera intermedia de Noruega. Llevamos entradas para un funicular. La famosa vista panorámica que tanto entusiasma a todo el mundo y a mi me deja indiferente. Bueno, salvo cuando vi Quito en Ecuador desde arriba y me di cuenta de la dimensión de aquella colmena y de su concepción del espacio, la tierra y la propiedad. Y la movilidad.

Hoy podemos hacer alguna mínima indagación básica de la vida cotidiana en Noruega. Tan mínima y tan básica como entrar en un supermercado y ver los precios o ser atendidos por los protagonistas de Españoles por el mundo. Todos los puestos de pescado y del mercado tienen jóvenes españoles atendiendonos. En Bergen puedes ser atendido hasta en catalán si te fijas un poco. He intentado sobrevivir sin mis galletas. Buen intento. Pero no ha podido ser. Al fin y al cabo ni un viaje ni una vida tienen sentido con estas pequeñas renuncias tan sencillas de resolver.

Allá donde vamos la atención a Pau es exquisita por parte noruega. No así por la parte española. Para subir al funicular hay un ascensor y un vagón reservado para carritos. La misma señora que pregunta por qué Pau y sus papis van en el ascensor es la que le tienen que cerrar el paso con el brazo para que no se meta antes que el carrito en la zona de carritos. Es increible lo de España y los españoles.

Arriba de la vista panóramica todo el mundo se hace la foto con un troll gigante. En todas partes cuentan mitos y leyendas. Fueron los primeros folletos turísticos. Ponga una mascota en algún sitio y tendrá una peregrinación fotográfica asegurada.

Pau tiene más suerte que yo. Puede dormirse en el carro. Yo no.
De nuevo abajo en el pueblo intento mear. El coste de la meada en Noruega es de 10 coronas. Es una regla estricta. Sin 10 coronas no se mea. Y eso es lo que me ocurre. No hemos cambiado dinero.

De vuelta al centro y de camino al barco tomamos un café y meamos todos. El coste de esta meada parece superior. Pero hay wifi con lo que los costos son compartidos.
Hay autobuses constantes hacia el barco desde el centro. Tan constantes que no hay que esperar ni un minuto. Llegas y subes.

Observar las habilidades de Pau es divertido. Ya menciona verbos junto a los sustantivos. Los verbos parecen sus preferidos ahora. Fubir (subir) y Ajar (bajar) se han convertido en la lección de Barrio Sésamo de hoy. Es muy hábil en la relación de piezas y el movimiento. Hábil con las manos. Indudablemente no se parece a mi.

Hemos encontrado ya los lugares discretos y secretos. Los espacios tranquilos donde fondear y observar. La mejor manera es colarse por los huecos que deja la muchedumbre.
Atrapados en el barco no hay más posibilidad que compartir conversaciones sobre cosas que no te da tiempo a hablar en otras épocas, ni momentos, ni instantes.

Tengo que mejorar mi ingles y me alejo de la colectividad. Lo noto. Es difícil luchar por alguién que no cree en la lucha. Se hace difícil compatibilizar el esfuerzo personal con la indolencia general.
Veo TVE1. En la información internacional las revueltas parecen todavía justificadas. Eso sí, las de Brasil y Turquía. Aquí la actuación policial siempre es debida a provocaciones, allí parece que existe brutalidad policial. Como nos mienten. Y como nos gusta.

La población española ha descendido por segunda vez desde el año 1971. La gente se marcha de España y nos vuelven a sus paises y otros emigran. Ahora se llama movilidad exterior porque tiene más glamour. Todo esto confirma que aquel efecto llamada no tenía nada que ver con la regulación. Tenía que ver con un trabajo y una esperanza de vida. Con eso sí. Como siempre.
Estoy enseñando a Pau a hacer voltereta. Todavía no sabe pero lo intenta y le aplaudimos. Ojalá hicieramos siempre lo mismo con la gente que lo intenta. 

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