Fiordos noruegos. Dia 6


Viajar en tren debería ser relajante. Hoy vamos en el tren de Flamb. Pero la fila y el orden estricto recuerda más una deportación que un viaje de placer.
La gente en el tren se levanta para hacer fotos por la otra ventana. Una foto hecha tras un filtro de cristal y otro filtro de cristal nunca puede ser una foto. Está capada. No capta nada.
Cada cascada de Noruega despierta la admiración general. Imagino que para los Noruegos será lo mismo con cada rayo de sol de España.
Hace buen tiempo. Cualquier cosa que no sea una tempestad aquí es buen tiempo. Han vendido una excursión de senderismo a gente muy mayor y sin calzado adecuado. Un comercial es un comercial. Nunca dejes que la realidad te estropee una venta. Business as usual. El nivel de quejas será asumible. Apenas un descuento. Compensa las ventas.

El norte de Europa no me resulta acogedor. Es normal que tengan buenos niveles de estudios y bajos de futbol. Los niños solamente pueden estudiar y no jugar a nada en la calle.
Viajar con todo programado es como ir por un tunel. Si te sales de la fila te chocas con las paredes. Las parecedes son transparentes eso sí. Puedes ver lo que te pierdes.

La gente hace fotos con flash. Llevan cámaras que permiten abrir tanto la luz que saldrían hasta claras pero disparan con flash. El flash mata todo lo que pilla. Es como un ácido corrosivo para una foto. Pero es automático. Quitarlo requiere un esfuerzo mínimo. Pero un esfuerzo.

Cuando veo las montañas noruegas no me olvido de mi Ecuador. Y contrasta tanto. Allí la misma o mejor naturaleza es casi gratis. Aquí el tren de Flamb para subir cuesta 50 euros. Aquí explotamos lo que allí explota.
Cada cascada es una foto para la mayoría de su excursión. No sé si se han dado cuenta de que es la misma y estamos bajando en caracol. Es el mismo rio. Al llegar a casa tendrán una colección de cascadas.

Flamb es el fiordo más vertical. Este sí justifica lo espectacular de la descripción de este viaje. La posibilidad de atracar en un sitio rodeado de montañas donde lo imposible vuelve a ser cotididiano: ver nieve desde un barco.
Ya por fin todo se calma. La gente va a los espectáculos para no perderse nada. Mientras tanto se pierden la calma del resto del barco. Las cristaleras te dejan ver un atardecer de varias horas. Otra cosa casi imposible. Ver como se pone el sol durante horas.
Escucho pocas conversaciones ajenas. No sé si ser impar en un viaje par es casi mejor. Te permite ser invisible.
Conforme va pasando el viaje dejamos un poco a un lado la cohesión del grupo lo que permite hacer combinatoria familiar. A veces me quedo a solas con mi hermana, a veces con Pau, a veces con mi cuñado, a veces con mi madre y a veces hacemos combinaciones tomadas de dos en dos.
La banda sonora es un CD machacón con canciones de los ochenta, otras veces una insoportable música de saxo de los setenta y sin duda lo peor una CD de música salsa que escuchada en Noruega tiene menos sentido que nunca. Suena en la zona de las máquina tragaperras. Alguién diseñó un día este barco y nadie se ha preocupado en preguntarse la necesidad de algún cambio. Las tragaperras siempre están vacías. Como lo está la zona de recreativos juveniles. Sin embargo, los niños apenas tienen un espacio de ocho metros cuadrados para moverse. Es absurdo pero nadie parece verlo. Un crucero no parece parar nunca. Nadie parece repensar las cosas. Un día encontraré un poster de Michael Jordan.
Mañana llegamos a otro fiordo de nombre imposible que no recordaré. Porque no recuerdo las cosas con claridad aunque las recuerde claramente. 

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