Fiordos noruegos. Día 7


La espectacularidad de los paisajes sigue creciendo. Y tanto crece la espectacularidad que parece que es lo único que justifica nuestra presencia. Algunos pasajeros viajan a las cimas de las montañas a obtener una panorámica todavía más amplia. Es cierto que es increible este fenómeno natural pero es cierto que de un viaje se espera algo más que la contemplación de las maravillas de la naturaleza. Al menos yo lo espero.

Atracamos en un pueblo de 240 habitantes donde a pesar del turismo de cruceros sigue habiendo 240 habitantes. Donde hay petroleo parece que el resto es secundario. Los coches de alta gama parece que los regalan a pesar de unas carreteras más bien descuidadas.
En la oficina de turismo la empleada sale a echar a la calle unos niños que juegan y gritan dentro de la oficina. Solamente por pensar eso y manifestarlo en voz alta –ya no por hacerlo- en España te colgarían de la vela mayor.

Viajamos alrededor de un niño en un viaje que no está pensado para niños. Y eso nos limita y nos expande. Limita nuestras posibilidades pero amplia nuestros horizontes. Pau nos ha salvado de largas exposiciones a una ventana de autobús, con cinco minutos para hacer una foto que podría ser una postal a la venta repetida mil veces. Y además Pau permite disfrutar de tirar piedras al agua y ver como se muere de risa con una cosa tan simple. Se está  portando  bien y está construyendo una personalidad –la suya- que tiene algo de inesperado aunque no resulte nada sorprendente.
A veces pienso que los viajes se inventaron para poner en valor la rutina. Quizá sean como la vida, la planeamos tan bonita que casi siempre crea decepciones. Quizá la vida sea sólo esto. Lo que ves. Un barco dividido en oscuridad, ojos de buey, ventanas y balcones. Un mismo viaje, un mismo destino y la única diferencia es cómo te tratan los demás.

El camarero nos pide que le valoremos con un “muy bien”. Para los jefes “bien” no es suficiente. En Jordania los comerciales de Volkswagen querían también la máxima calificación que excedía incluso el “muy satisfecho” y que en una traducción del aleman se convertía en “sumamente satisfecho”. Me gustaría que viniera un directivo a explicarme la diferencia entre “muy satisfecho” y “sumamente satisfecho”. La locura de los directivos. Los directivos es uno de los mayores males de este planeta. Joden la vida de la gente.

Tengo mala suerte. Hay tres señoras catalanas que me persiguen. Son de esas personas que hablan constantemente, repiten constantemente la misma frase y se superponen cuando hablan. Parecen viudas de oro sacadas de una de esas telenovelas de TV3. En todo caso seguro que son turistas de oro.

Mi hermana piensa que Pau se puede haber aburrido. Yo lo dudo mucho. Un barco tan grande por descubrir ha debido ser toda una experiencia para un niño de dos años.

La verticalidad de las montañas es tan majestuosa que se me olvida que por culpa de ellas no tengo conexión a Internet. Definitivamente soy más capaz de apreciar más la obra del hombre que la obra de Dios. 

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