Fiordos Noruegos Día 8

Llegamos a Alsund. Bárcenas entra en la prisión de Soto del Real y no siento nada especial. Ni satisfacción ni preocupación. Nada. Aquí en el crucero hay una sensación de caos hedonista permanente. Una incongruencia de placeres, muchos de ellos absurdos y otros secretamente manifiestos.
Podemos bajar del barco a la ciudad. En estas ciudades de Noruega uno tiene la sensación de que nunca pasó nada relevante. Lo que no constituye ningún reproche. En otros países da la sensación de que la gloria se construye a base de grandes tragedias contadas por los vencedores. Aquí ningún edificio parece singular ni una casa parece marcada por lo obscenamente ostentoso. Parece un lugar donde la calma fluye.
Alsund tiene al menos alguna predisposición turística y fue elegida la ciudad más bonita de Noruega.
Damos una vuelta por el centro y las tiendas. El shopping al menos es algo propiamente urbanita. En este viaje me faltan momentos wifi para comunicarme. Siendo tan poco comunicativo en persona resulta que necesito tener el máximo de canales abiertos.
La invisibilidad de este lugar me propone un nuevo trayecto. Quizá deba afrontar la vida como un fiordo.
El sol no se llega a poner del todo. Siempre hay una penumbra.
Comemos pronto porque por la tarde vamos a una excursión. Vamos a un acuario para que Pau vea peces. Aunque los peces no parecen muy de su interés los pingüinos sí que centran su atención. Pero lo que más y mejor entiende es un montón de arena, un cubo y una pala. Un lugar abierto y algo de sol.
Dicen que la personalidad de una persona se forma en los cinco primeros años de vida. Yo trato de averiguar sus vectores de personalidad. Le gusta comer solo, y sentarse solo. Frecuentemente las cosas más importantes nos permanecen ocultas porque las damos por sentadas. Pau toma muchas decisiones a lo largo del dia y la mayor parte le son respetadas por sus padres. No sé si eso será muy frecuente entre el resto de papis. Está forjando un criterio propio en un montón de cosas.

Después una nueva vista panorámica –pasión por las postales- y alguna explicación de las que caen en saco roto o quizá algún día sirvan para hacer un guiño en algún artículo o conversación donde uno quiera resultar interesante volvemos al barco a hacer combinatoria familiar. 

Iniciamos el retorno con la charla informativa de la vuelta. Yo me vuelvo a mi espacio wi fi. Un lugar tranquilo donde contarte cosas en los párpados. Tenemos que hacer la maleta y tendremos que doblar unos cuantos recuerdos para que quepan, nos dejaremos algunas expectativas y guardaremos unos granos de arena del tiempo transcurrido. El resto lo hará la memoria. Lo que menos importará será lo que ahora importa. Importará un tiempo compartido tan intensamente cerca que no nos dábamos cuenta de lo que pasaba. Y lo que pasaba era todo. Todo lo que podía pasar. 

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