Ultimamente

Hacer una columna cada dos semanas crece en torno a dos petulancias: la idea de que lo que uno dice puede ser interesante y la de que lo que una persona hace puede cambiar algo.
Ambas flores se me están marchitando así que cojo unas vacaciones opinativas para descongestionar los costes de exposición pública. La idea de cómo son las cosas interesantes y de a quién interesan la tengo en cuarentena a la espera de algún cuartel de verano en el que refugiarme lleno de arena hasta el cuello.
La que me da más miedo -y he de confesarlo- es la otra. Al fin y al cabo creer que uno puede decir cosas interesantes forma parte de la grandilocuencia con la que aborde la vida. Sin embargo, la segunda expresión está en la semilla de la democracia, la acción individual sostenida y unida puede introducir cambios profundos. Esta segunda idea la necesito regenerar. Tengo la sensación de haber interiorizado algún tipo de -en palabras de mi hermana- indefensión aprendida, una especie de desesperación deseperanzada. 
En este tiempo transcurrido desde el año 2008 se me han caído algunas ramas del árbol de la ingenuidad y te diría que incluso de las flores de la condición humana. Aunque el actual estado de cosas -movilización ciudadana amplia- invita a una visión más placentera, la verdad es que hay un transcurso amargo, un relato subyacente que contradice la superficie de mar embravecido.
Confieso haber naves ardiendo más allá de Orión que solamente fueron visibles para otros cuando las naves que se quemaban eran las suyas. El gigante se despertó mal y por motivos individualistas o incluso gremiales, y no tengo muy claro que una suma de egoísmos sea una solidaridad. Da la sensación que las hostias siguen cayendo sobre quién habla de más y que la mayoría silenciosa sigue optando por un silencio cómplice, una invisibilidad superviviente y calculada. Eso sí, extremadamente útil.
Viendo lo que ocurre no solamente aquí sino en todo el sur de Europa uno se pregunta ¿qué más se le puede pedir a la gente? Cualquier día cualquier efecto mariposa, un parque, una subida del autobús o una agresión policial desmedida despertará la furia.
Ha habido épocas históricas en las que la política se ha hecho sin la gente. Otras en las que se ha hecho con la gente. La novedad es que la política y la economía se están haciendo contra la gente y contra el planeta. Y no sé cual de los dos se rebelará antes.
La invasión revolucionaria de Cuba se organizó en columnas. Es bonito pensar que algún cambio puede surgir de una columna. En realidad, es bonito pensar que algún cambio puede surgir de cualquier cosa. Pero la verdad es que ultimamente ando algo perdido y la vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme.

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