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de CARLES LÓPEZ CEREZUELA

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martes, 11 de junio de 2013

Un principe para Corina, la telerealidad diseñada

Cuando apareció Gran Hermano como primer reality consciente de serlo se levantó una gran polvareda. GH se basaba en el circulo vi_ocioso de un grupo de personas sin nada que hacer más allá de socializar y encerradas en una casa sin conocimiento del exterior. Se trataba de establecer una realidad desvelada sin más pretensión que la voyeurística de la observación del comportamiento animal humano en manada. Rápidamente surgió la respuesta del buenismo televisivo con Operación Triunfo donde un grupo también encerrado se afanaba mediante un supuesto sacrificio y esfuerzo, por mejorar para obtener un éxito virtuoso en el ámbito de la música. OT ya impuso el primer giro ya que había un montaje más elaborado que el de GH y por tanto un relato narrativo establecido.
Los programas han ido evolucionando con más o menos pena y gloria en función de los formatos, pero creo que recientemente se ha producido un cambio relevante que conviene analizar. De la realidad desvelada hemos pasado a la realidad diseñada. 
Un principe para Corina está teniendo un cierto éxito de audiencia. El recurso es tan viejo como cualquier narración de cuento infantil. Una princesa organiza un baile para obtener pretendientes. Cientos de cuentos han nacido así. Por tanto, el éxito debe residir fuera de la trama. 
Si comparamos con sus dos precedentes más inmediatos (I love Scassi y Mujeres Hombres y Viceversa) podemos conocer su pócima mágica. Un príncipe para Corina ya es realidad diseñada. Es una narración estricta. Un cuento construido sobre una narración de ficción que usa la realidad para sus fines. Se produce el giro copernicano de la historia. La realidad no está al servicio de la realidad sino de la ficción. Esa realidad se diseña con un fin narrativo. Todo gira alrededor de un relato construido previamente: el cuento de la princesa casadera. La realidad se desvanece en una foto buscada. Los límites de lo real y lo ficticio desaparecen.
El formato es evidentemente ligero, un relato bastante esquemático cuya única riqueza se haya en los matices y en la manera de contarlo. No es pues un programa de grandes pretensiones pero si de grandes impresiones para mi gusto. La telerealidad es una especie de serie B televisiva pero como serie B me parece de buena factura. Creo que detrás hay sentido. 
A partir de ahí, aparece otra diferencia muy importante: la estética. Los programas de realidad no habían trabajado la estética como lo han hecho Gandia Shore y Un principe para Corina. Hay un diseño y una calidad de fotografia infrecuentes en programas de este tipo. GH partía incluso de cámaras robotizadas de plano general y poca calidad. Un príncipe para Corina cuida los planos, los enfoques... todo con un fin.. una estética de cuento. Además los tonos de color de los intermedios narrativos (cuando aparece la narradora del cuento que actúa de hada madrina a la vez) buscan la referencia visual del cuento, incluso el vestuario lo hace. 
Sin duda lo mejor la banda sonora y el casting. La banda sonora acompaña el ritmo de cada escena y establece un toque cínico o burlón, que desdramatiza y aligera la historia. El casting es majestuoso. La búsqueda de personajes reales que evoquen roles como el bufón, el caballero andante, el campesino, el trobador, el escudero, el príncipe... no es nada fácil. Y menos si se quiere incluir un sublime toque de humor que desdramatice la ceremonia de seducción. 
Ese era quizá el mal de I love Scassi. El programa inverso en que las mújeres luchaban por un hombre. Mal el casting que puso un príncipe sin recursos narrativos y mal la trama que parecía más un culebrón venezolano con truhanes y brujas, un latin lover demasiado dramático y falto de ironía, escaso de picardía. Sin embargo, el casting de Corina es impecable. Acierta con una chica cuyo perfil es ajeno a otros programas de este tipo (Mujeres, Hombres y Viceversa) con un perfil dulce y discreto. Corina no es muy inteligente pero es bastante lista y mantiene una serenidad que imagino debe ser guionizada. Además de resultar increiblemente bella y de aspecto frágil como deben ser las princesas. 
Pero si el casting de Corina es bueno, el casting de los personajes masculinos es sublime. Si en la ficción es difícil encontrar un buen actor que haga de torpe, más dificil resulta encontrar un buen torpe que haga de torpe, un lelo que haga de lelo o un narcisista egolatra que haga de narcisista egolatra sin esconderse. 
Mientras Mújeres, Hombres y Viceversa se ha especializado en lo trágico de la relación sentimental y la ceremonia de seducción metiendo siempre el conflicto en el centro de la trama, Corina convierte en algo liviano la competición atávica de los machos por la mejor hembra, lo hace que fluya, que crezca y se desvanezca. Incluso los cortes y las calabazas se antojan merecidos. 
Como siempre el riesgo de este tipo de programas es su perpetuación más allá de la amortización. De momento la trama se ralentiza. De hecho la trama no da de sí para mucho así que la curva de interés irá descendiendo ante la previsbilidad de las escenas. Los nerds todavía mantienen el valor añadido de una historia universal. Si son listos... no lo llevarán muy lejos... Pero no lo serán. 

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