Carpe Diem vs Tempus fugit

Durante un tiempo me vi abocado a la lectura de literatura de autoayuda. En ese conjunto de libros, como en el resto, hay mucha basura pero también hay cosas más elaboradas. Este tipo de lecturas me acercaron a la inteligencia emocional, a algo de filosofía -sin pasarse- y al coaching tan de moda en estas épocas. Temas sobre los que leo habitualmente.

Lo cierto es que me he visto en la encrucijada de resolver preguntas que otras personas parecen no hacerse (otras evidentemente sí y muy superiores tambié)  y que me estaban volviendo un poco loco porque me hacían sentirme extraño y un sólo. Y las respuestas que he encontrado en las corrientes más populares y comunes de pensamiento sobre estos temas no siempre han sido consistentes.

Es el caso del famoso Carpe diem. La mayor parte de este tipo de literatura insiste en una fijación obsesiva con el presente. Entiendo el sentido, preocuparse por algo que sucedió o por algo que no sabemos si sucederá absorbe una energía inútil. Sin embargo, esta manera de afrontar -sin matices-un presentismo constante, un instanteismo casi religioso resulta preocupante desde el punto de vista colectivo. A nivel individual encontrar mecanismos y refugios para instalarse en el presente puede ser algo positivo pero a nivel colectivo nos está llevando a un conjunto de patologías como mínimo preocupantes. La primera es la falta de rebeldía. Una de las constantes alusiones para tratar cuestiones como la ansiedad es que tu estado mental depende más de cómo te tomes las cosas que de las cosas. Eso es cierto a medias. Y puede generar  una patología colectiva porque arrasa con la rebeldía. Si yo no puedo actuar sobre la cosa pero sí puedo actuar sobre mi  pensamiento escogeré anular mi pensamiento. De manera que ante una situación injusta actuaré sobre mi concepto de la injusticia adaptándolo y seguiré con mi vida. Esa adaptación constante puede conducir al conformismo hedonista si lo dejamos en manos de una sociedad capitalista avanzada de corte consumista. Me refugio en la actitud que más placer me genera para no afrontar ninguna cuestión de rebelión. En el famoso Quien ha robado mi queso? Ninguno de los ratones se cuestiona si hay que juntar a todos los ratones porque quien gestiona el queso lo está malgastando. Simplemente la cuestión del queso queda ahí, como si fuera un fenómeno de la naturaleza.
La cuestión central está en el verbo poder. Sobre qué soy capaz de actuar. Si hay una cuestión sobre la que no se puede actuar -muerte de un familiar o separación definitiva de pareja- debo optar por la adaptación pero si puedo actuar sobre esa cuestión -retroceso de derechos sociales- lo lógico es optar por la lucha.
Evidentemente para cualquier persona inteligente existen dos planos distintos: me adapto a mi nueva situación laboral -despido- individual pero lucho colectivamente. Sin embargo, el conformismo adaptativo surgido del carpe diem hedonista de los noventa sigue ahí. No creo que Nelson Mandela hubiera sido Nelson Mandela si se hubiera "adaptado" a su situación de negro en Sudáfrica.
Así pues, la versión del Carpe Diem impide una cierta planificación del futuro (que se situa en un permanente improvisación ya que depende de factores que nos son incontrolables) y también impide una cierta revisión del pasado. Mucho de esto hay hoy en día en la actitud política.
Para un chico con perspetiva ideológica como yo esto es relevante. Si un ministro o un jefe de banca dice que "prefiere mirar hacia adelante" en realidad está diciendo que no revisemos el pasado porque hay mucha mierda y resulta estéril hacerlo. Me parece fundamental destapar la mentira que encierra esa afirmación. Revisar el pasado es una manera de mejorar el presente y de preparar el futuro. De ahí que de las dos marcas latinas más íntimamente relacionadas yo prefiera TEMPUS FUGIT. Indudablemente el tiempo corre, el tiempo vuela, pero al menos con Tempus Fugit existe algún tipo de perspectiva temporal. Si no sabes donde quieres ir acabarás en ninguna parte. Si no te planteas retos a corto, medio y largo plazo acabarás siendo un vegetal, una flor a la deriva en un estanque quieto. Indudablemente que esas planifiaciones deben admitir el caos como fuente de cambio pero su inexistencia nos sitúa a merced de una clase dirigente que determina las corrientes del estanque.
Tempus fugit es una imagen de fluido, donde un pasado puede ser observado, un presente puede ser disfrutado y un futuro puede ser imaginado. Carpe Diem sin embargo no deja de mirar unos pies que no se mueven.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com