Los siete pecados capitales del sindicalismo en banca

Lujuria. O amor excesivo por los demás. Tanto como para intentar gestionar silencios y reservas de información pensando que el afiliado no "podría entenderlo". En estos tiempos intentar gestionar el secreto es imposible. La era de la transparencia ha comenzado. Quiere a tus afiliados como a ti mismo y piensa que ellos son capaces de entender lo mismo que tú entiendes si tienen la misma información que tú tienes. No hagas nada nunca que no seas capaz de entender tú mismo. Las fugas de información son casi preferibles al descubrimiento de secretos ocultados. Si dominas los canales formales los canales informales son residuales. Te garantiza información de calidad por canales de calidad.

Gula. El pecado del exceso. Engordar la organización prestando alimento de horas sindicales de manera descuidada y poco responsable. Cuidado con la gestión del talento. Coloca a los más competentes en sus niveles de competencia para no originar cuellos de botella o carencias de aptitud o actitud. Cuidado con el sindicalismo refugio y las vocaciones sobrevenidas en momentos de dificultad.

Avaricia. Cuidado con el corporativismo y el no reconocimiento de errores, la creación de conspiraciones permanentes externas. Cuidado con el enrocamiento permanente en la autocomplacencia.

Pereza. Cuidado con la tristeza de ánimo y especialmente con la comunicación fría, sin emociones, la comunicación extemporanea o mal programada, el lenguaje robotizado y la jerga sindical. Cuidado con los descensos de calidad organizativa -pereza de grupo- porque actúan por contagio. El aprendizaje ideológico como cualquier aprendizaje se realiza por imitación y la organización puede entrar en una espiral de pereza organizativa donde la inacción cobra más protagonismo que la acción. Cuidado especialmente con los errores no forzados, aquellas iniciativas que nadie exige y aquellas iniciativas que son exigidas pero nunca aparecen.

La ira. Cuidado con las actitudes reactivas y las pérdidas de agenda. Es conveniente mantener una agenda temática propia de lo que uno quiere que se hable en la organización. Ir siempre detrás de la empresa o detrás de las otras organizaciones obliga a vivir un minuto después del presente y llegar siempre tarde. La pérdida de iniciativa se paga. Domina los temas de conversación de tu empresa y dominarás la conversación de tu empresa.

La envidia. Cuidado con envidiar la posición de poder de la empresa y su capacidad organizativa. La hiperresponsabilidad y la empatía con quienes toman decisiones en lugar de la empatía con quienes las sufren. Cuidado con asumir los axiomas y el lenguaje de la empresa, incluso con el síndrome de Estocolmo respecto a quienes usan el síndrome de la rana hervida.

La soberbia. Es el pecado capital más importante. La muerte de éxito frecuente. Cuidado con el sindicalismo de "moqueta" y la pérdida de tacto respecto a los representados. La distancia creada respecto a la afiliación es un pecado fácil de cometer cuanto más arriba se encuentra en la jerarquía. No pisar el azulejo de las oficinas hace perder vertiginosamente capacidad de dolor y una especie de efecto "urgencias de hospital" respecto al sufrimiento y el dolor ajeno en el que nada parece importante. Esto nos puede llevar a desmontar la barricada continuamente para retroceder hasta la catarata. Remontar el rio justo antes de la catarata es mucho más dificil que cuando el rio circula plácido. Cuidado también con la complacencia y la creación de una organización sin capacidad de autocrítica.

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