Pre-Galmed, Post-Galmed

Quiero felicitar a los trabajadores y representantes sindicales de Galmed porque han protagonizado una lucha ejemplar en todos los sentidos tanto de contenidos como de formas. Han conseguido meter sus inquietudes e intereses encima de la mesa de quienes toman las decisiones. Enhorabuena en serio.
Contento por ver que en mi pueblo queda un algo, una pizca, de conciencia y solidaridad. También contento por eso. Pero descontento porque llegamos tarde. Siempre llegamos tarde y no detectamos las incoherencias.
La presencia bieintencionada en la manifestación de determinadas personas de la derecha local, incluso del progresismo local me llamó la atención. Porque han sido ellos con su dejación histórica los que han permitido que un cierre como el de Galmed sea posible.
La economía, los poderes económicos, se han adueñado de la política, sobornando a los dos partidos del bipartidismo. Es un proceso contra el que no luchamos cuando debíamos. Ahora exigimos a los políticos que se sobrepongan a lo económico y no pueden.

Son ellos, y nosotros, los que por inacción y omisión siguen permitiendo la propaganda de las bondades de la globalización económica que solamente ha globalizado el acceso instantáneo del dinero a cualquier parte del mundo en un segundo. La globalización que permite seguir concibiendo la energía como si fuera inacabable y el planeta como si fuera eterno. Que permite construir en un sitio y vender en otro incluso cuando ambos lugares sean sus antípodas. La que permite que tomemos naranjas de Marruecos en Valencia y zapatos valencianos fabricados en china.
Potenciar eso como sistema de eficiencia económica y después esperar o pedir a una empresa que no relocalice manteniendo volumen de negocio y mercado es pedir cosas contradictorias. Pedir lealtad a los tramposos jugadores de poker que dirigen las empresas multinacionales es pedir demasiado.
Nuestra dejadez histórica en vigilancia social es la que permite que este pueblo se haya armado con empresas cuyo capital y centro de decisión están fuera incluso de España. Esas empresas que no dejan dividendo social ni se comprometen con el territorio ni con las personas.

Esta crisis solamente demuestra una cosa, hay que vigilarles, hay que estar encima de ellos, de quienes nos representan, hay que participar, controlar. No vale estar diez años de dolce vita y después girarse y ver que toda la casa está desordenada. La casa se ordena día a día.

Hubo una época preGalmed y esa pequeña batalla diaria nos hubiera hecho ganar esta guerra de ahora. Pero habrá una época postGalmed y más pequeñas batallas diarias. ¿Luchamos?

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