¿Qué le pasó a mi Caja?

Las Cajas de Ahorro nacieron como el banco de las clases populares -no diremos el banco de los pobres porque los pobres no tienen banco (oxímoron). Arraigadas al territorio evitaban las exclusion financiera y nacían sin ánimo de lucro repartiendo beneficios sociales y culturales de proximidad en muchos sentidos.
Circulaban de manera paralela a los bancos aunque con pocos contagios. La manera de hacer el negocio era diferentes por las limitaciones territoriales e incluso por la tradición de cultura empresarial. Los bancos y especialmente los inversionistas siempre consideraron que ese “dividendo social” todo ese dinero que se daba a la comunidad, que se repartía para cohesionar y reequilibrar el territorio de donde se detraían los recursos era un dinero “absurdamente” utilizado y podía ser usado para nuevas inversiones “más rentables” -para ellos evidentemente-. Así que prepararon lenta y concienzudamente el asalto a las Cajas.
Primero aparecieron los contagios, las condiciones laborales de las Cajas eran mejores que las de los bancos en muchos aspectos. Así aterrizaron los primeros paracaidistas. Los de abajo entendieron rápidamente que aquella mentalidad era positiva. Pero los paracaidistas de arriba nunca se acabaron de creer el modelo y su educación bancaria siempre tiraba hacia los mismos sitios.
Lo cierto es que las Cajas eran un lugar casi de cuento donde la gente trabajaba feliz, los clientes eran felices y el territorio que los acogía también. Los únicos infelices eran los que querían pegar un bocado al tema y no podían. Ahora se llaman Mercados.
No podían admitir que la gente trabajara menos y ofreciera buenos resultados, eso no podía ser. No podían admitir que los beneficios se tiraran a la “Obra Social”.
El desembarco de paracaidistas bancarios fue lento. Fueron preparando el cambio de mentalidad mediante frases como “Aquí se vive muy bien... y eso se va a acabar”. Profecía autocumplida porque mientras decían eso hacían lo posible para que sucediera.
Las Cajas resultaban ya por actitud y posicionamiento una amenaza para los bancos que veían como con un modelo de capitalismo social les desplazaban en cuota de mercado en sus territorios.
Pero las Cajas también cometían pecados. El primer pecado es el típico pecado de los grandes emperadores filántropos: la Obra Social Faraónica. La Obra social fue cada vez menos social y más Obra. Grandes lugares, grandes eventos y grandes publicidades. La forma engulló al fondo y cada vez se veía menos social una gran instalación ostentosa a mayor gloria de la filántropia con el dinero ajeno.
Con paracaidistas y exploradores de banca cerca y el valor de la Obra Social devaluado llega el desembarco político. Mientras los tiburones de la banca siguen esperando oler la sangre para llegar. Todavía no se atreven. A mitad de los noventa se permite a las Cajas -exultantes de resultados en sus territorios- salir de sus territorios y empiezan una carrera de galgos persiguiendo a la liebre de la inversión. Los despositantes de los territorios tradicionales permitían dar crédito a los de los territorios de expansión. Y los políticos se dan cuenta de que junto con los Fondos de Cohesión Europeos su posicionamiento en los Consejos de las Cajas les permite una posición de dominio. La financiación es a bajo coste, la morosidad es inexistente. Y deciden financiar todo, cualquier cosa que su déria competitiva autonómica le pareciera, universidades, aeropuertos, centros de ocio, cualquier cosa.
Deberíamos hacer un a parada para decir que no fue así en todas partes. Unas entidades fueron más prudentes que otras. Donde más corrupción política había y más ladrillo se podía financiar más problemas estructurales se creaban. Financiar era una manera rápida de entrar en mercado. Financiarlo todo de manera fácil y a la administración que se suponía que no podía dejar de pagar.
La avaricia se extendió por toda España y los pequeños jeques de cada Caja también tenían sus delirios de grandeza. Así aparecieron planes de expansión tremendos, las entidades casi se duplicaban y los planes de expansión que fueron menos ágiles -como el de Bankia- fueron sin duda los que más han castigado a las entidades.
Entonces los tiburones olieron la sangre. Los depósitos de los territorios tradiconales se habían agotado para garantizar los préstamos. El dinero del extranjero cada vez era más dificil porque veían que no había garantías. Así que el sueño de los tiburones se hizo realidad. Surgieron los procesos de capitalización de las Cajas con participaciones preferentes, deuda subordinada y otros etc.... Se trataba de hacer una especie de “acciones sin voto”. El sueño de los tiburones pero a media. Pero ellos sabían que ya habían entrado los picadores y los banderilleros. Solamente faltaba el estoque.
Las Cajas necesitaban más droga para seguir dando créditos, los políticos necesitaban más crédito para seguir haciendo sus cosas, así que se optó por pedirselo a los clientes ofreciendo buenos intereses y la garantía de los bancos “que nunca quiebran”.
Y entonces se abre una crisis bancaria y el castillo de naipes se viene abajo. Los tiburones atacan. Las Cajas se habían politizado. El modelo de Caja es inviable. Sin embargo hay Cajas como las vascas o la Caixa que demuestran todo lo contrario. Pero el mensaje no solamente ha calado sino que ha colado.
Las Cajas son intervenidas. La morosidad que más crece no se dio nunca en oficinas. La morosidad que genera el problema real es la de las grandse promotoras. La que daban los jefazos en viajes y Consejos de Administración fantasmas que no tenían ni la formación ni la dedicación adecuada para decidir nada. Los faraones pusieron mal las bases de sus pirámides pero se fueron con todas las joyas de los sarcófagos. Indemnes. El Banco de España miraba atentamente. Eso era exactamente lo que hacía. Mirar atentamente. Y nada más.
Los tiburones sonrien. El modelo de Cajas es ampliamente rechazado socialmente. Las pocas que quedan se tienen que convertir en bancos. Se penaliza incluso la finalidad social mediante normativa europea. Las Cajas se unen al escándalo con el trabajo concienzudo de los medios de comunicación. Estafas de preferentes, subordinadas, acciones.... Se cuadra el círculo. Quienes eran los recpetores del modelo social -los impositores de clases populares- ya odian a las Cajas. Ya no saludan al director de su pueblo porque les engañó. Los tiburones han ganado. Nadie cree que lo de las Cajas fuera una buena idea.
Y ahora los paracaidistas de aquellos días son los nuevos profetas de las Cajas venidas a Bancos. Visionarios del pasado aplican sus dogmas. La Obra Social carecerará de sentido en breve. En un entorno de pérdidas como el actual nadie justificará esa Obra. Primero la cuenta de resultados.
Pero los apóstoles de la nueva banca olvidan que hay un espacio para la ética. No sé cual es su tamaño pero parte del espacio que abandonaron las Cajas será ocupado por iniciativas de banca ética o incluso iniciativas virtuales de traspaso eficiente de recursos. Ellos seguiran en el Business as usual, ajenos a todo esto. Y parecerá que les irá bien en un oligopolio de poder.
Lo cierto es que aquellas viejas Cajas eran el modelo más avanzado y eficiente de capitalismo social y asignación eficiente de recursos cuando fueron gestionadas de maenra profesional por profesionales del mundo financiero. En realidad eran la iniciativa más importante de cara al futuro. Ahora ya no lo sabremos nunca. No sabremos qué hubiera pasado si el modelo de Caja se hubiera simplemente reformado en sus defectos visibles clarísimamente. Se optó por matarlas. Pero muerto el perro no se acabó la rabia.
Echaremos de menos aquellas Cajas cuando los pueblos pequeños se queden sin banco, cuando la gente pequeña se quede sin cajeros. Y no recordaremos que un día se metió todo en la batidora de la crisis del ladrillo. Y se hizo añicos. Quizá se perdieron tantas cosas en aquella crisis que la nostalgia se convierta en utopía.


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