El ERE invisible de la banca

Antonio es director de sucursal desde hace 19 años. Ya tiene 51. Es demasiado mayor para la banca que pide una dedicación de diez horas al día y un compromiso absoluto. De hecho, es verdad, ni siquiera se siente comprometido porque con las preferentes se quedó con el culo al aire con toda su familia y vecinos. Hay gente que ya no le saluda. Su padre murió hace poco de una enfermedad degenerativa y durante todo el proceso Antonio se combinó con su hermana para cuidarle. Eso le quitaba tiempo del banco y su jefe ya no lo veía como alguien "involucrado". Ahora tiene miedo. Sabe que en un ERE de banca es carne de cañon por edad. Sabe que le darán dinero pero también sabe que no encontrará ningún otro empleo donde valoren lo que ha hecho durante los últimos treinta años. Se enfrenta a vivir con ese dinero hasta la jubilación o buscar algo, quizá un cambio de vida, porque en banca le será imposible trabajar. Tiene un hijo acabando la universidad y otra que empieza el año que viene. Y las tasas universitarias son cada vez más caras. Tiene miedo.

Carmen tiene un nene de tres años. Todavía tiene 35 y está en la flor de la vida laboral. Volvió antes de la baja de maternidad porque su entidad estaba intervenida por el FROB. Desde entonces trabaja diez horas al día. Su madre le ayuda con el nene. Su marido trabaja pero hace tres meses que no cobra. Tiene miedo. Sabe que en banca los ERE usan la movilidad geográfica para despedir. Ofrecen la movilidad a mujeres con niños pequeños porque saben que no quieren separarse de sus hijos. Ahora se enfrenta a irse a otra ciudad (con/sin el nene? y con/sin el marido?) en todo caso lejos de su madre por lo que no podrá seguir dedicando las diez horas al banco o tendrá que pagar una guardería (de todo el día?). Se perderá la infancia de su hijo, quizá su marido hace tanto que no la ve que la pareja se resienta.

Miguel tiene 28 años. Fue la última generación de la "década prodigiosa" en la que todo el mundo encontraba empleo. Pero su entidad se ha fusionado y se plantean despidos. Es soltero y sin hijos. Cualquier departamento de RRHH haría lo mismo. Miguel todavía puede rehacer su vida. Si realmente quiere salir adelante seguro que se marcha a Inglaterra y perfecciona su inglés. Todavía tiene tiempo para reaccionar. Trabajará hasta los 67. No cotizará los mínimos. Miguel hizo su carrera y un máster. Ayer le llegó la carta de despido.

Usted podrá pensar que me lo he inventado todo y será verdad. Me he inventado los nombres y las edades pero no las situaciones. Desde 2008 se han perdido 30.000 empleos en banca. Al final de este proceso se habrán perdido 10.000 más. Son gente que tendrá que hacer un giro en su vida porque no encontrará trabajo en el sector. Dramas personales y familiares como los de otros sectores; ni más ni menos. Pero estos no salen en la tele. Son invisibles.

Pero en las oficinas se sigue trabajando. Con mucho miedo. Cada día miedo. Se trabajan diez o doce horas diarias para que nadie te señale, para que nadie diga que no estás comprometido con la situación, para poder abrir la oficina porque estás sól@, vas a trabajar constipado, con un esguince de tobillo, con un esguince cervical, con depresión, con ansiedad. Vas a trabajar como sea, chutado de pastillas o con dolor. Estas son las personas que le atienden cada día. Y tienen mucho miedo de dejar de atenderle.



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