El PIB de Yusuf Ismael

El otro día tuve una reunión con uno de mis jefes del banco. Al acabar estuvimos comentando las nuevas inversiones que vienen de Latinoamérica a Evo y el Banco de Sabadell. Resulta tan curioso que vengan de allí cuando no hace nada que pensábamos "crecer" en ese mercado emergente los bancos de aquí. Todo pasa cuando parece que no pasa nada. Finalizando la conversación, dije una frase que salió disparada de mi boca... dije más o menos "que aunque no es que la subida del PIB me haga feliz, de algo hay que vivir". La cara de sorpresa de mi jefe fue tan enorme que todavía la recuerdo. Mi jefe participa del dogma comúnmente aceptado del crecimiento eterno. En los bancos es lo normal, no le culpo. De hecho no creo que en la reuniones de coordinación les cuenten las teorías de Serge Latouche, uno de los creadores del provocador lema del "decrecimiento" y precursor de "los objetores del crecimiento".
El capitalismo es como una bicicleta: los problemas empiezan cuando dejas de pedalear. En este caso, el liberalismo lo que hace es quitarle los frenos. Hay que seguir pedaleando constantemente. Hasta la Segunda Guerra Mundial todo se había resuelto, en parte, mediante guerras. El crecimiento eterno era necesario porque había que reconstruir los países como aquel que dice. Y además los descensos de población permitían seguir con la dinámica. Tras la Segunda Guerra Mundial apareció el vector "energía barata" que permitió un alto grado de mecanización de todas las actividades e incrementos de producción y de productividad a los que había que dar salida con consumo. Sin embargo no ha habido actividad bélica devastadora con lo que los crecimientos son acumulativos y la población se sigue multiplicando.
Pero el planeta es el mismo y tiene límites. La ecuación del crecimiento eterno tiene ya demasiadas incógnitas. A pesar de eso nadie se replantea la necesidad de exigir constantemente cifras de crecimiento del PIB como método de medir el progreso. La bicicleta sigue pedaleando, sin frenos y además hacía un abismo.
A finales del siglo XIX hubo un luchador turco de lucha libre llamado Yusuf Ismail. Viajó por toda la geografía de los Estados Unidos luchando en espectáculos y demostrando que era en esos momentos el hombre más fuerte del mundo. Cuando decidió volver a su país lo hizo en barco. Mientras hacía la travesía surgió un problema, el barco zozobró y acabó por hundirse. Casi todo el pasaje se salvó pero Yusuf Ismail se ahogó porque se negó a quitarse todos los cinturones de oro que había ganado en los combates por América.
Somos un Yusuf Ismail que viaje en bicicleta, sin frenos y hacía un abismo.
Pero seguimos esperando que el PIB crezca.

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