En pantalla: Del truhan al womanizer

Uno de los personajes que mejor resultado está dando en las sitcom es el papel de hombre obsesionado por la conquista femenina. Evoca el mito del cazador y sacude el deseo inconsciente de cualquier hombre de una actitud promiscua lúdica.
Pero creo que habría que pararse a pensar sobre cómo ha evolucionado ese personaje a lo largo del tiempo. Siempre ha existido el donjuanismo en la narrativa de todas las épocas, una especie de adicción a la novedad basado en vencer las resistencias femeninas a su propia genética de búsqueda de una figura paternal y protectora para sustituirlo por la figura lúdica maternal de jugar con un niño. Las obras de amor cortés medievales son eso esencialmente.
Estos primeros personajes fueron dibujados como pícaros o simplemente sinvergüenzas sumergidos en una vida disoluta o nómada con connotaciones por tanto negativas. Se atribuían a la juventud y la diversión y no constituían un modelo de hombre para ningún hombre ya que comportaba otro tipo de sacrificios de inestabilidad que hacían menos atractiva la conquista. En todo caso, siempre fue un personaje a merced de sus instintos, desconocedor de su faceta y actitud, un truhán con comportamiento previsible pero no consciente.
El asunto derivó ya en la narrativa (visual) más reciente con la figura del "truhan" o conquistador. Un hombre con escasa capacidad de compromiso, atractivo irrefrenable (James Bond, Joey en Friends o Bruce Willis en Luz de Luna, por no hablar del golfo español de toda la vida de las películas de los sesenta), dominado por sus instintos y un afán sexual irrefrenable. La sensación de inestabilidad continuaba presente con lo que el personaje no dejaba de estar de alguna manera atormentado. Siempre tenía algo de tontorrón y se relacionaba con el mito de la inmadurez o Peter Pan que instalaba al "conquistador" en un lugar de la adolescencia mientras el espectador "maduro" y emparejado contemplaba con una cierta condescencia la montaña rusa emocional que echaba sal al argumento.
Ahora mismo hay dos series en pantalla que consolidan un nuevo modelo de personaje. Son "Dos hombres y medio" y "Como conocí a vuestra madre". Ambos personajes dan lugar al womanizer. Se trata de una superación sofisticada del golfo de toda la vida. No se basa en la inestabilidad ya que ambos tienen una vida estable (laboral, familiar y social). Tampoco se basan en ninguna actitud infantil sino en una cierta misoginia y vampirismo de deseo. Son gestores de deseo, yonkis de la seducción. Pero especialmente ambos son conocedores de su modo de vida y lo asumen de manera consciente y deliberada como una opción libre. Y eso, amigos, sí que rompe los esquemas de un espectador medio español. La posibilidad de manejarse con total estabilidad y libertad sexual donde la novedad es el principal aliciente. El personaje domina su rol y sabe contrarrestar las objeciones que el resto de personajes construyen sobre su situación. Es más, el personaje es admitido así tal cual como una opción más. Sin reproches. Como un modo de vida. Y la construcción de un personaje que recorre lo atávico desde lo sofisticado es mucho más que una novedad, es casi una crisis social.

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