INDIA DIA 1

INDIA DIA 1
No sé muy bien donde empieza el día 1. Supongo que al aterrizar el avión. Nuestro contacto en India se retrasa. Mal momento para retrasarse. Es la una de la mañana pero el aeropuerto de Delhi parece el de Valencia a la una del mediodía de gente. No voy a decir que esto me pareciera divertido en el momento pero seguro que forma parte del catálogo de anécdotas que contaremos en las próximas veinte cenas.
Salimos en dirección Delhi. El conductor no parece conocer la zona. Damos vueltas en las zonas que nos indican. Sí, aquí no hay Google maps y si lo hay no se corresponde con el apasionante mundo de los conductores turísticos. Hemos contactado con una empresa que nos ofrece un transporte privado durante los díez días que estamos aquí. Nos da libertad y seguridad. Parece algo apropiado para un turista. Porque de nuevo me siento turista y no por mi actitud sino por la distancia que noto respecto a mi lugar de visita. Son las dos de la mñana, no encontramos el hotel, llevamos más de una hora dando vuelta a la misma zona. Lo que veo es impactante. La imagen de esta primera noche es la gente durmiendo en la acera. En cualquier acera en cualquier lugar, incluso diría que parece aleatorio, sin ningún concepto de intimidad, nada, dejados caer del mundo. Pero lo que más llama la atención es una familia completa acostada en la acera durmiendo. Papá, mamá y cuatro niños puestos en fila. Incluso diria que por orden de tamaño. Ya no lo sé. Quizá mi mente necesita amabilizar la escena. Duermen en una acera de una calle normal. Tumbados en el suelo como si fueran siluetas pintadas. Con la atención fijada en la búsqueda de un hotel perdido la memoria ha creado clusters defectuosos para albergar esa información. Dificil de formatear algo así.
Por la mañana desayunamos y nos ponemos en marcha. Parece una ciudad difícil, mucho más que Cuba o Ecuador. Es todo más directo. Los niños no se acercan como en Jordania como palomas a las migas de pan sino más bien como golpeando el cristal en sentido estricto, pegando sus caras al cristal, pidiendo un algo. Una niña hace piruetas y se dobla sobre sí misma como en un circo instalado en mitad de una calle de cuatro carriles. Cuba era un país transitorio a la espera de un país mejor. Ecuador era un país de milagro porque no llega a pasar nunca nada. Delhi es la ciudad de la buena suerte. El conductor nos cuenta los tres ingredientes para poder conducir por Delhi, buen cláxon, buenos frenos y buena suerte.
Los monumentos al menos también me seducen. Alquilamos un guía que me frustra porque no entiendo su inglés. Creo que las fotos reflejaran rápidamente los colores de India en arenisca roja y mármol blanco.
Comemos y cambiamos dinero en lugares preparados. Como si hubiera una red de servicios Indie. La comida pica mucho. Esto me va a costar. Todo el mundo quiere vendernos algo. A veces hasta compramos. En 24 horas hemos pagado por una botella de agua 3 euros y 20 centimos. Es absurdo las dos cosas.
Por la tarde visitamos el edificio más interesante hasta ahora. Concebido como una flor de loto, el símbolo de tantas cosas, alberga los rezos de todas las religiones. No hay altar. No hay púlpito. No hay elevación de quien habla. Hace tiempo que defiendo una escenografia nueva para la izquierda. Los bancos se disponen de manera circular. Para entrar nos tenemos que descalzar y tengo la sensación de que tiene sentido. Mantener el contacto de los pies en la tierra da una sensación de apego natural y de otra relación con el mundo. No soy religioso pero confieso que las religiones de India parecen interesantes. En el rezo se usa varias veces la música. El arte de conectar con lo divino parece el canto.
Atardece más pronto de lo que pensaba lo que me deja algo de tiempo para trabajar. Le han mandado carta de movilidad a quien más le duele.

La acumulación de imágenes monumentales son las estaciones de un tren . 

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