India Dia 2

El tráfico es peor de lo que uno podría esperar. Lo más increible se hace con completa naturalidad. Dirección contraria en una “autovia”, cambios de carril constantes, cambios de prioridad. Cualquier carretera es un pitido constante. Debe existir algún tipo de código alternativo al de circulación. Isaac y yo tratamos de averiguar la función de los pitidos. Parece que sirven de aviso de maniobra como un intermitente. También hemos detectado que el frenado es la maniobra básica. En realidad nadie se inmuta por nada así que no llegar a pasar miedo salvo porque las distancias son cortas. Motos con tres personas, dos de ellas sin casco, motos con una rueda de camión encima, camellos con carro por la carretera mezclados con bicis, peatones que cruzan cuatro carriles permaneciendo entre coche y coche. Definitivamente es el país de la buena suerte para que no pase nada. Apenas hemos visto dos contactos. Y acabas por pasar sin tocar nada por lugares inverosímiles. Pero pasas.
Nuestro conductor nos ha pasado un libro de visitas. La versión en pápel de Tripadvisor. En realidad en Internet la igualdad entre las posibilidades de Nand (nombre de nuestro conductor) y una agencia son mucho más cercanas. Depende de los usuarios. Internet democratiza todo lo que puede. Pronto intentaran controlar eso. Bueno, lo hacen constantemente.
Son seis horas de coche para 350 km lo que hace una media de 60 km por hora. Lógico si piensas que las carreteras se estrechan, la gente cruza, los camiones se paran sin avisar, los autobuses escolares circulan a toda leche. La lentitud forma parte de la buena suerte porque nada sucede con lógica. Con nuestra lógica.
Si queríamos sentir una sacudida de nuestro sentido común lo hemos conseguido. Todo parece estar hecho al revés. Las casas abandonadas de España son mansiones comparadas con las tiendas que estamos viendo. Pero la verdad es que uno no detecta infelicidad. Porque la infelicidad depende de la cantidad de deseo conseguida. Y a los occidentales tenemos una especie de anorexia de deseo. Nunca sentimos que hemos cumplido suficientemente los deseos. La avaricia y la ambición por obtener una situación social de privilegio consigue hacernos infelices. Maslow parece que legitimó la cuestión y así seguimos. El día que todos estos indios funcionen con esquemas de deseo parecidos a los nuestros el planeta agotará sus existencias.

Sigo leyendo mi libro de India. Parece que en la vida hay guerreros (hacedores activos), clero (oradores pasivos) y contadores de cosas (descriptores activos). Y creo que son mis etapas en la vida. Pasé de intentar entender el mundo a intentar cambiarlo a intentar describirlo.

Nuestro conductor escupe y eructa sin pudor. En los semáforos y paradas los conductores lo hacen. No se sacan nada de la nariz pero escupen y eructan. Además mastica algo que no llego a entender. En realidad, también su inglés me resulta tremendamente complicado.
No dejamos de ser turistas. Viajamos en una burbuja blanca de pureza y limpieza frente a la acumulación de color de nuestro alrededor y la suciedad imperante. Hay basura por todas partes. Se la comen las vacas que van sueltas por cualquier parte incluida la autovía.
La publicidad de la tele y las vallas es básicamente de rasgos occidentales. Hemos conseguido que el americano y la americana media sea el sujeto a imitiar. Arreglados vamos. Al ritmo de vida de un neoyorkino necesitaríamos cinco planetas como este.
Como en Cuba me llama la atención la cantidad de gente que simplemente contempla. No debe haber trabajo para todos, ni casa para todos y probablemente no haya comida para todos ni una ducha para todos (de esto último estoy seguro). Sin embargo, los anuncios de ventas inmobiliarias procrean por todas partes y los edificios en construcción me recuerdan aquella época en la que al volver de Valencia podías contar hasta venticuatro gruas en la Patacona. La espiral de consumo es siempre parecida. Consumo bajo de supervivencia, consumo medio (automóvil) de mejora, consumo alto de largo plazo (un trozo de suelo). La apuesta por la movilidad parece ser también basada en el petroleo es el camino más recto aunque no el más eficaz. Ahora se construye el metro de Delhi y de Jaipur. La combinación de obras públicas y ventas inmobiliarias habla de ahorro invertido o de crédito fácil. Probablemente sea lo segundo. Ahora ya todo sabemos cual es la praxis habitual del FMI. Fomentar el endeudamiento. Las deudas te convierten en un esclavo de tus acreedores y te inculcan la cultura del miedo. El miedo a que te quiten lo que todavía no tienes ni acabaste de pagar. Soy un puto ejemplo de ello. Tengo miedo de que me quiten algo que me da igual que me quiten. Pero con el miedo dentro soy algo más lacayo de un modo de vida.
El paisaje es parecido al que conozco. Clima soleado y húmedo. Al menos aquí la tierra es fértil. En Escocia me chocaba saber de qué vivirían si no tuvieran un centro financiero. Qué pasaría si el dinero dejara de ser útil?
Como siempre las guías y los guías, los paises en general se empeñan en explicar como vivían en el pasado. Explican sus períodos gloriosos y la vida de sus grandes hombres. Y yo me empeño en descubrir el presente y la vida cotidiana de la gente común. El estudio de las élites de cada sociedad explica en parte sus éxitos y sus fracasos. Digo en parte porque las élites no son el producto de la nada sino el espejo de sus interacciones. No tenemos las élites que nos merecemos pero tenemnos las élites que fabricamos. Todavía no he averiguado en qué consisten las castas indias pero seguro que debe haber alguna manera de cambiar de casta con efecto gatopardistas. Todo cambia para que nada cambie.
Resulta difícil encontrar adjetivos. No creo que esto sea duro de vivir aunque sea duro de ver. Tampoco diría que era difícil porque todo parece fácil y natural. Nada es agreste porque el paisaje es fértil. Y sin duda no es inhóspito porque todo resulta hospitalario.
Sin embargo, todo parece duro, difícil, agreste y un poco inhóspito.
Llegamos a Jaipur. Circulamos por una calle. Se llama Wall to Wall Street. Es una calle llena de vida y bulicio. Bullicio es el concepto que más sentido tiene en India. Todo parece moverse como un hormiguero. Y aunque todo parece loco todo acaba milagrosamente fluyendo. Se llama así porque es la calle entre dos muros. Lo que me recuerda que siempre pensé que Wall Street era la calle de la pared. Pero ahora me parece más lógica la calle del muro. El muro contra el que vamos a estrellarnos.


El alojamiento es un homestay, o sea una casa particular. Desde que usé el sistema en Cuba me parece más entrañable. No pretendo decir que con ello la inmersión sea más intensa pero acabas por encontrar otra sensación. El de hoy es una casa muy bonita con jardín de mucha más calidad que las casas de su entorno. Por dentro es una casa de calidades variables, puertas y ventanas repintadas que contrastan con un mueble de la tele de lo más moderno. Disponemos de cocina y nevera aunque ofrecen desayuno y comida a buen precio. Si renuncias a cosas superfluas consigues mejorar las imprescindibles. Lo que me ha llamado mucho la atención por curioso y útil es el sistema de limpieza tras cagar. Aquí hay doble sistema: papel y duchita. Ninguno de los dos sistemas me convence por separado pero juntos son el complemento perfecto. El papel elimina la mayor parte y el agua da el acabado perfecto además de una sensación de frescor relajante que se agradece. 

La empresa con la que hemos contratado el viaje es India's Invitation. Hasta hace un momento esa empresa era una página de internet y un correo electrónico. Hoy hemos conocido a quien está detrás de ese proyecto. Es un chico indio. Tendrá unos ventimuchos años. Se fue a trabajar a España en el 2004 a Girona. Allí aprendió catalán y castellano (nota al pie para los escépticos de las lenguas). Cuando dejó el tema empezó con India's Invitation. Le fue muy bien hasta que a España le fue muy mal. Ha hecho inversiones en India y ahora pasa por dificultades ante la bajada de ventas del turismo español. Estamos todos relacionados en  un mundo interconectado. Hemos cenado en su casa. Es cierto que en una sala aparte pero en su casa. Y esta vez estoy convencido que he comido auténtica comida india y también estoy convencido que es muy parecida a la de cualquier familia que se alimenta antes de pensar en el placer de comer. Fideos y otros platos que desconozco y tampoco he investigado intentando superar mis traumas de juventud. Hoy puedo decir orgulloso que no tengo ni idea de lo que he comido pero estaba bueno y me lo he comido.
Así que hemos acabado en una conversación como si fuera un chiste: un argentino, un indio y dos españoles estan cenando y uno dice... menuda crisis hay en España, a lo que un argentino recuerda que su país vive en una crisis permanente. Si quieres ahorrar sientate con un alemán pero si quieres hablar sientáte con un argentino. Viaja solo. Cuarenta y dos días por Tibet, Nepal, Bután e India. No nos volveremos a ver pero nos hemos conocido por un milagro del viajero. Sé que nada es genuinamente auténtico pero esto se parecía mucho a mi sensación de viajar. Especialmente porque prácticamente no he intervenido en la conversación y me he convertido en el espectador invisible que me gusta ser. Junto a nosotros estaba el bebé de su hermano. No hacían más que quitarle el dedo de la boca como si eso fuera algo repulsivo y que debiera evitarse. Hemos preguntado por qué no llevaba chupete y parece ser que en la India creen que la boca se hace demasiado grande con el chupete y por eso también evitan el dedo. Eso se une a mi visión desde el coche de un niño de la edad de mi sobrino en medio de un montón de basura tirada por el suelo. Quizá todo sea absurdo. No veo que eso sea positivo pero no podré evitar esbozar una sonrisa cuando a un bebé se le caiga el chupete al suelo y su madre ya no le permita volver a chuparlo.
En casa de Abhishek r nos ha servido una jovencita que como cualquier jovencita su mayor deseo es disponer de un iphone que Abhishek ya no usa desde ayer. Hoy era una chica feliz con sus nuevas posibilidades comunicativas. Más cuando le hemos dicho que la cena habia estado deliciosa.
Isaac siempre consigue que un video o un episodio se convierta en el chiste del viaje. Esta vez es una llamada de una ninfómana que no quería curarse al programa Hablar por hablar. La sociedad le exige reprimir sus deseos a pesar de construir una sociedad basada en el deseo. India es algo así. No sabe lo que es desear todavía hasta que se lo enseñemos y también les enseñarenos a no reprimir el deseo, a convertirse en su esclavo.
Mientras tanto a tres horas y media, el mundo gira a otro ritmo, a ritmo de balada triste acelerada. Desde lejos todo se ve pequeñito. Quizá lo sea.


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