La bola de cristal sindical

De pequeño -supongo que como tod@s-  era asiduo a ver la Bola de Cristal. Aquellos niños -con doce años del año 1984 todavía no existía la categoría de preadolescente- de aquella época tuvimos la suerte de que alguien decidiera que era buena idea tratarnos como adultos desde pequeños y hablarnos de todas las temáticas. Así los electroduendes fueron mis primeros guías ideológicos que me llevaron a las más altas cimas infantiles del sarcasmo, la crítica y la ironía. Quizá fueran mis primeros Delegados Sindicales de la Infancia que me defendían frente a los intereses de la patronal Disney de convertirme en un idiota. Quedábamos en asamblea todos los niños y niñas los sábados por la mañana para hablar sobre la política errática del PSOE de Felipe González, y el liberalismo salvaje de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Y nos hicimos adolescentes e incluso nos planteamos el tema del ejército y la objeción de conciencia ya tan pequeños.

La Bola de Cristal tuvo el acierto de hacernos pensar que un día seríamos mayores y nos pasarían cosas. Y la verdad es que acertaron en casi todo. Especialmente con Reagan y Thatcher.

Sin embargo, cada día voy por las oficinas y detecto que hace tiempo que nadie ve su bola de cristal.

Ulises tiene 32 años, sigue soltero y lo que más aprecia es la libertad. Todavía desconoce que su padre padecerá una grave enfermedad degenerativa cuando él tenga 42 que le hará pedir favores en el trabajo, faltar a la oficina con frecuencia y necesitar de ayuda psicológica y física para afrontar una situación de este tipo. Su rendimiento en el trabajo bajará porque no podrá hacer horas extra gratuitas a las que acostumbra su sector. Dejará de ser subdirector. El jefe dirá que "no era comercial". Por suerte, existía un pacto laboral que protegía su nivel alcanzado con lo que no sufrirá perjuicios económicos.

Minerva tiene 37 años y ahora es una de las directoras más exitosas de su zona. Todo le sale bien por su preparación y su dedicación. Pero desconoce que su marido dentro de cinco le será infiel, lo que le hará divorciarse y afrontar una nueva situación sola con dos niños y una custodia compartida. Pasará muchísimo miedo ante la posibilidad de una movilidad geográfica y perder la custodia. Ya no rendirá igual. La empresa pretende destituirla y ella casi que piensa que es lo mejor porque lo más importante ahora son sus niños. Por suerte existe un pacto laboral de conciliación que permite afrontar estas situaciones sin rigideces y con garantías.

Zeus tiene apenas 28 años y es muy deportista y versátil. Se presenta voluntario para todas las misiones más difíciles. Traslados temporales, cursos de formación, lo que sea, puede con todo. Los fines de semana hacer pruebas atléticas "Iron man" y entre semana salvo la hora y algo de entrenamiento está a lo que sea. Todavía no sabe que dentro de 15 años tendrá un accidente con la bici que le dejará una lesión en la espalda que le impedirá pasar muchas horas sentado. Necesitará moverse de vez en cuando y hacer estiramientos, pero más de seis o siete horas le resultará insoportable. La empresa ya no le parecerá tan rentable esta situación y lo irán cambiando de oficina en oficina. Tiene suerte, la movilidad geográfica pactada en el convenio del sector es de 25 km. Y el convenio está vigente y firmadito.

Atenea tiene 40. Era gestor de empresas hasta que tuvo un problema muy serio con un jefe que le hacía comentarios completamente fuera de lugar de carácter sexual. Sus retribuciones variables de los últimos años han sido muy altas. Sin embargo desde que empezó a sufrir el acoso y hasta que denunció ha caído en  una depresión que le hace muy difícil trabajar. Siguió a base de ansiolíticos y antidepresivos pero ya no puede más y se ha cogido la baja. La empresa no quiere gestores de empresa así. Está reconsiderando su cartera. Por suerte, existía un protocolo de acoso firmado en el comité de empresa y pudo denunciar a una persona externa y se ha sentido acompañada y protegida en todo momento.

La Bola de Cristal nos hacía pensar como adultos cuando éramos niños. Yo cada día intento que los adultos piensen como adultos. Todos pensamos que todo seguirá siempre como está ahora. Todos pensamos que somos dioses griegos, inmortales y etéreos. Que siempre seremos fuertes, que nuestras familias serán autónomas, que nuestras parejas serán siempre sólidas. Proyectamos el futuro con autosuficiencia y en muchos casos esa es la base de no afiliarse a un sindicato. No me hace falta la ayuda de nadie.

Pues mira la Bola de Cristal. Yo la miro cada día. Y en muchas ocasiones echo de menos un ejército de electroduendes y la posibilidad de la Bruja Avería de hacerlo explotar todo.

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