Las goteras de la democracia salpican al Congreso

Siempre me motiva lo mágico. Soy de religión coelhiana y creo en la naturaleza y el universo. Creo que hay cosas que pasan porque tienen que pasar, puertas que se abren y se cierran, momentos, instantes pegados como los sellos a una carta que sirven para transportar un mensaje.

Arreglar la cubierta del Congreso ha costado cuatro millones y medio de euros. Y cuando llueve el agua entra y hay que suspender la sesión de sus señorías ¿No les parece mágico? ¿No les parece mágico que a los ciudadanos nos pongan vallas para que no accedamos de manera "desordenada" al Congreso pero la naturaleza lo haga poniendo en evidencia la democracia de este país? Nuestra democracia tiene goteras desde hace tiempo. Se nos inunda la casa de lodo político cuando el agua toca los escaños del Congreso.

Lo anecdótico puede ser categórico. Por ese precio quizá podríamos haber pintado el Congreso como la Capilla Sixtina. Pero no, el Parlamento hace aguas. Las gotas de una lluvia pertinaz -qué sería del adjetivo pertinaz sin la lluvía- de voluntad popular de cambio han entrado en el Congreso. Ellos solamente ven charcos pero nosotros vemos un lugar en el que reflejarnos. Ellos solamente ven un problema donde nosotros vemos una solución. Ellos buscaran especies para proteger y nosotros un lugar en el que navegar. Ellos buscan un lugar en el que guarecerse y nosotros les exigimos que se mojen.
El agua es el principio de la vida y ya ha conseguido entrar en el Congreso. Por esa gotera quizá entrarán nuestras esperanzas y nuestras ilusiones si realmente queremos conseguirlas. Si realmente conseguimos llevar luz al Congreso la naturaleza se encargará de crear un arco iris después de la lluvia. Pero tenemos que querer, querer con intensidad, querer queriendo.

Y saben lo mejor ¿saben algo más mágico? Las obras han tapado los tiros de Tejero y los han sustituido por una rejilla de aire acondicionado. La casualidad y el azar no han podido ser más sublimes con este país. Todo el universo conspira para que consigamos lo que queremos. Y nos envía señales. En este caso, necesitamos que corra aire fresco en el Congreso que haga olvidar aquella transición mecida en los brazos de los militares y la herencia franquista. Por eso ahora toca borrar los tiros de nuestras mentes y empezar una reforma constitucional que refresque el ambiente.

Y seguro que pronto suceden más cosas mágicas... Que son como las estrellas al mirar el cielo, hay que saber interpretarlas. Si educas la mirada puedes ver algo de orden en el caos.

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