India. Dia 8

El día ocho lo empezamos por la noche en un tren cama entre Kajuraho y Varanassi. Creo que es el momento adecuado para ofrecer un punto de vista diferente al habitual. Suelo valorar mucho los simbolismos, las señales y todo un séquito de realismo mágico que acompaña a los viajes digamos.. diferentes. Este lo es. Pero no me gustaría que alguien se creara una falsa imagen del lugar por más “poesia” o trazos de perfume que yo quiera ponerle. Creo que es buen momento para hacer una entrada donde más allá de conceptos y rollos mentales se relata lo que hay aquí.
Podría empezar por el tren. Ayer estuve en el peor bar que he estado nunca. Pues anoche subí en el peor tren que he subido nunca. Había tres filas-nichos-literas por parte del deparatmento. En total seis personas durmiendo en cuatro metros cuadrados. Y así unos doce departamentos en el mismo vagón. No olía bien como cualquiera se puede imaginar. Además no había sábanas para todos ni mantas. Las mantas hacían falta porque el aire acondicionado estaba a tope. Hacía mucho frio. Tampoco había almohadas ni cojines. Así que me he tumbado en mi litera-asiento sin colchón ni nada de 1,80 donde no quepo y he intentado dormir. Pronto me he dado cuenta de que tenía que abrigarme. Me he puesto una sudadera. Luego otra. Luego unos pantalones largos. Luego otros pantalones largos encima. Y así, con dos capas he podido dormir. Pero como soy un meón me he levantado unas tres veces. El vater era… como decirlo.. sí… asqueroso. Uno de esos vateres sin taza (plataforma para pies) que cae directamente a la vía. Por supuesto sin papel de ningún tipo y lleno de mierda hasta los topes.
A pesar de eso he dormido más o menos. Curiosamente el silencio en el vagón era bastante bueno.
Al llegar a Varanassi el cansancio y la acumulación de días creo que me han vencido. Pero también permite dar una sensación más realista de lo que aquí pasa en palabras llanas. Si alguién idealiza con espiritualidad o algo así este país puede hacerlo. Está en su derecho. Pero en este país lo que más ocurre es miseria. No escasez ni pobreza, miseria. En las zonas urbanas el tema es especialmente escabroso y aquí en la Down Town de Vanarassi todavía más. Todo está lleno de basura, hay mierda de vaca por todas partes, huele a mierda de vaca por todas partes. Las casas están casi en ruina. Todo está sucio. En los lavabos no ponen papel. El tráfico es de locos. Pueden atropellarte en cualquier momento. No hay aceras. No hay carriles. No indican las maniobras. Compartes calzada con los vehículos. Ponen las largas incluso en ciudad. En definitiva, este país es un asco como sociedad civilizada. Sus costumbres higiénicas son asquerosas, escupen, van sucios. Los niños son especialmente pesados en las zonas turísticas pero los mayores no se quedan atrás. Nada más salir del coche tienes cuatro o cinco moscas que quieren venderte algo. Es insoportable, estridente, asfixiante, abrasivo, invasivo y saturante.
En las zonas menos urbanas la cosa es algo diferente aunque de la miseria y la suciedad no te libra nadie. Varanassi me ha vencido y superado. Eso no significa que no supiera donde venía. Sabía que venía a un país duro. Pero no tanto. Y esto tampoco significa que me arrepienta. Venía a a impactar contra un mundo que me sobresalta. Venía a salirme de mi mismo y verme como el ser absurdo que soy. Venía a sacudirme el polvo que se me acumula bajo la alfombra de una insatisfacción crónica. Pero he de confesar que los claxón han podido conmigo. Tocan el claxón constantemtente, para todo. Y resulta completamente estridente y agotador. No hay sensación de que nadie te vaya a robar pero sí un permanente riesgo de ser atropellado.
La presencia de vacas en la calle ha dejado de ser graciosa. He contado varias manadas en la calle viniendo hacía aquí. Se mueven a su antojo sin ningún control. 
Todo el mundo quiere algo o te vende algo. Nos vemos como blancos perfectos. Billetes andantes a los que pedir dinero. Los únicos lugares de paz son los monumentos y el interior de nuestro coche. Confieso que estoy saturado. Nos vamos en el momento preciso y desde el lugar adecuado. La old town de Varanassi ha sido ya demasiado para mi.
Hay niños por todas partes, tirados en el suelo, sucios, las peores chabolas que he visto nunca, sin luz, sin agua, sin suelo, sin paredes acabadas.
Los lavabos incluyen la ducha. No hay separación entre vater y ducha. No hay cortina de baño vamos… No hay plato de ducha. Todo es uno lo que hace que esté todo el día encharcado. Y es así incluso en algunos hoteles. Son así.
Hoy hemos ido a ver una ceremonia que se celebra en el Ganghes y nos ha llovido y todo ha ido a peor. Es un país al que no volveré pero que siempre recordaré.
Es verdad que estoy físicamente cansado pero mentalmente estoy mucho más cansado. Por suerte, vivo en el mejor lugar del mundo para mi. Todavía no he encontrado otro rincón mejor. Pero viajar ayuda a recordarte lo importante que es lo que tienes.
Sé que la entrada es dura y no refleja el contenido global del viaje pero sí como me siento hoy. Y este es mi blog... y lo fusilo cuando quiero.... :-)


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