De Lubo Penev al futbolin

Hace poco que volví a Mestalla. No me prodigo por la tele ni por el campo porque el fútbol me parece demasiado previsible. Sigo sintiendo el escudo pero creo que el Valencia carece de personalidad propia. Hace tiempo que el futbol del Valencia no tiene alma ni magia. La desaparición del alma de los equipos es un producto de finales del siglo XX cuando el trasiego de jugadores constante y anual fue de tal nivel que se perdió el olor de cada equipo. La desaparición de la magía bajo mi punto de vista tiene más que ver con el dinero y con un efecto espejo.
La aparición de Pep Guardiola como superentrenador obsesivo ha hecho mucho bien al Barça y a la Selección Española pero no sé si ha controlado bien sus efectos colaterales. El modelo de entrenador mecánico que trabaja hasta la saciedad la interiorización de un sistema de juega hasta conseguir entrar en el inconsciente del jugador que ya no sabe jugar de otra manera es básicamente irreplicable sin dinero. La magia se compra porque la tienen los jugadores calientes que consiguen salir del congelador de un campo de futbolín.
No sé si ustedes se habrán fijado pero el fútbol de los equipos de media tabla hacia abajo últimamente es una mala imitación de un modelo irreplicable. Me explico. Ver al Valencia de los últimos años es ver un equipo de futbolin con jugadores encorsetados, anudados, anclados y atados a una función. Las circulaciones de balón son lentas y casi siempre horizontales. La media de toques es superior a tres y la media de distancias de pase no superara los diez metros.Todos los avances de balón están previstos en base a superioridades de apoyo, no hay ningún aclarado para el uno contra uno. Nadie se va de nadie. Es como si todo el partido intentara estar guionizado. Los entrenadores ya viven obsesionados con dirigir el más mínimo detalle creando un fútbol propio de videojuego donde la visión se limita a lo que abarca una pantalla. Algo tendrá que ver en eso tanto futbol televisado. El fútbol se ha hecho pequeño para los pequeños por pura imitación de los grandes. Pero los grandes tienen dinero para comprar magía y los pequeños solamente tienen un futbolin.
No estoy hablando del fútbol de contrataque ni de patadón con gestión de rechace, hablo de simplemente ampliar las posibilidades de sistemas de juego. La maraña de centrocampistas que ha impuesto la nueva moda construye un juego de tiralíneas que exige dos toques máximo y para eso hay que ser muy grande. Establecer un sistema de juego general a imitar donde solamente los dos grandes pueden competir es un problema para la competición. Jugadores de dos toques hay los que hay.

Tirando de nostalgia de mi época del Sector 27 hubo una época donde los pases podían exceder los diez metros y se mandaban a un espacio abierto y no a un pie, incluso iban por arriba en lugar de rasos. No rechazo el tiquitaca, me parece bien, digo que hay otras maneras de jugar al fútbol también preciosas.

De mis tiempos de Mestalla cada domingo recuerdo pocas cosas pero una de las cosas que más recuerdo era un espacio abierto en cada banda y el desmarque de ruptura o basculación marcando espacio de Lubo Penev que recibía un balón tras el que correr o que bajar para después jugar en el uno contra uno o temporizar para permitir una subida del resto del equipo. Eso en el Valencia de hoy es imposible porque cuando el tiquitaca no se hace bien se convierte en un futbolin de jugadores acordonados en lineas ficticias, amordazados en redes cortas,  un fútbol corto y cortoplacista que a mi me aburre.

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