Delegado sindical y coach laboral

La función de los profesionales de banca ha cambiado mucho en los últimos tiempos y por tanto la función de los sindicalistas de banca ha de cambiar necesariamente. Uno de los cambios más profundos de la organización del trabajo en banca son las cuestiones psicosociales. Abordar la capacidad organizativa de la empresa es el reto más grande del siglo en el que estamos. Sin abordarla no conseguiremos cumplir con la mejora de las condiciones laborales como paso previo a la felicidad laboral. Una de las estrategias principales podría ser la creación de estructuras paralelas de creación de opinión. La reflexión amplia sobre una cuestión abre el camino para su evolución y focalización. Una de esas estructuras paralelas es el cambio de la función del delegado sindical en banca.

La figura del delegado sindical pasivo a la espera de una llamada o una duda de carácter exclusivamente normativo ha pasado a la historia. Estar escondido en un despacho conduce a la invisibilidad y la distancia. El sindicalista de banca ha de estar en las oficinas. Es cierto que el nivel de complejidad de la normativa laboral del sector obliga a una cierta especialización pero es más cierto que conservar el tacto y la sensibilidad que otorga el contacto con la plantilla es un valor primordial a conservar. Y lo es en dos sentidos, por un lado para hacer el trabajo sociológico de interpretar y canalizar tanto los estados de ánimo como las corrientes subyacentes (lo que nadie le da tiempo a pensar y estructurar) que surgen en un frenético y cotidiano esfuerzo conjunto. Pero también y fundamentalmente por el contacto que un buen delegado sindical de banca puede aportar a sus compañeros en la conversación.

Porque dejando de lado, nóminas, escalas salariales, derechos, permisos, vacaciones y demás, un sindicalista de banca debería plantearse la necesidad de ser un buen coach laboral alternativo. Las empresas de banca se afanan en la contratación y expansión de mensajes de condicionamiento de pensamiento y actuacíón. Gastan ingentes cantidades de dinero en transmitir valores como la competitividad, el liderazgo, el valor del trabajo como eje central de una vida y la adhesión a una marca como fanatismo. Sin embargo, las organizaciones sindicales apenas gastan esfuerzos en combatir esos valores. El sindicalista de banca debe aprender a ser más coach y menos legalista, debe ser más proactivo y menos reactivo.

Existen lineas de trabajo posibles y cercanas:
Construcción de un ambiente de confianza. La confianza se gana a base de discreción y proximidad. El contacto personal debe ser periódico y cercano. El intercambio debe ser mutuo. No limitarse a escuchar sino aportar por ambas partes. Indudablemente el feeling personal no siempre es controlable pero sin vocación de contacto es imposible.
Coherencia. Hay que tratar de unir con hilo lo que se dice y lo que se hace, incluso la actitud personal ante la vida. No se puede pedir valentía sin ser valiente, no se puede pedir rebeldía sin ser rebelde, no se puede pedir capacidad de pensamiento crítico sin pensar críticamente. A eso se debe añadir una cierta épica cotidiana. No se buscan heroes ni martires pero sí que se busca una cierta "admiración" en cuanto a algún tipo de actitud personal. Decir lo que los demás no pueden decir o hacer lo que los demás no pueden hacer pero en todo caso pensar lo que los demás también piensan.
Delimitación de itinerarios laborales. Cada etapa de la vida conlleva unas necesidades. El manejo de los tiempos y la serenidad es muy importante. Hay momento de desesperación por no poder ocupar espacios de crecimiento y momentos donde lo mejor es ocultarse y concentrar la mirada en una vida personal más compleja. Escoger bien los tempos de formación y amortización, apaciguar o hacer valer la autoestima para atreverse son cuestiones que hay que saber manejar.
Expansión de valores de responsabilidad colectiva. La actual coyuntura bancaria fomenta el individualismo y la competitivdad irresponsables. La creación de marcos colectivos de reflexión, la creación de lazos y la fijación de comportamientos responsables son muy importantes en la actuación sindical en banca. Para ello debería trabajarse más la posibilidad de códigos éticos para los profesionales de banca.
Acompañamiento. La falta de pedagogía democrática ha conducido a una versión de la democracia representativa que no hace ningún bien. La representación no es sustitución sino una delegación de voz o compañía. Las peticiones de mayor intervención ascendente, democracia de calidad, también llegan al mundo sindical. Es cierto que debemos establecer más posibilidades de participación de las plantillas en nuestras actuaciones pero también es cierto que las plantillas han de asumir más responsabilidades en su propia actuación. El trabajador y la trabajadora de banca no puede esperar que sus representantes hagan y digan todo. Debe asumir que su sindicato estará a su lado pero que él o ella han de estar también presentes en la fijación de límites empresariales.
Incluir las emociones en el mundo laboral. La versión más extendida por la empresa es la del actor profesional. Aquella persona que es capaz de transformarse al entrar por la puerta de la oficina dejando todas sus preocupaciones fuera para convertirse en un gran profesional. Lo cierto es que eso no es solamente imposible sino que además no es deseable. El profesional de banca pasa muchas horas en la oficina y transmite sus emociones al trabajo. Eso es así cuando las emociones son positivas y cuando son negativas. Y a lo largo de la vida profesional se producen contagios de todo tipo. El sindicalista de banca debe entender y hacer entender que la vida no es una linea constante sino salteada. Aprender a potenciar el pensamiento positivo y la resiliencia no debe perjudicar ni a la capacidad de critica ni a la rebeldía.
Sacudir modelos alternativos. Finalmente la mejor y más potente estructura paralela posible es la creación y extensión de modelos alternativos de conducir la propia empresa financiera. La creación de escenarios alternativos al existente debería ser una obligación sindical -y de la izquierda en general- constante. Los modelos alternativos no solamente deben ser pensados y mostrados sino sacudidos para renovarse permanentemente. Huyendo de cualquier nostalgia pero recordando cuáles son los pilares de la banca: la prudencia, la discreción, la sensatez y la confianza. Hoy en día los cuatro pilares están siendo atacados en  un extraño caso en el que el dinero ataca al propio dinero convirtiendo la banca en una industria.

El sindicalista de banca ya no lleva chaqueta de pana y coderas, tampoco mantiene rencor ni miedo a la empresa y ya no le parece todo mal. Ahora ha estudiado una ruta, mira por el retrovisor, comprueba las maletas y los niveles, observa a los pasajeros y debe estar en condiciones de conducir en cualquier momento aunque no lo haga nunca.







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