Jugadores de pleno

Sigo leyendo el libro Futbolistas de Izquierda de Quique Peinado. Sé que pretende defender una cierta épica de la heroicidad deportiva pero su lectura es desoladora. La primera desolación viene de la posibilidad de hacer solamente un libro con los futbolistas que se han posicionado en ámbitos de compromiso ideológico a lo largo de la historia con la cantidad de cosas duras que han pasado durante todo el siglo XX y XXI. La segunda desolación viene de la cantidad de represión social y política que han sufrido esos futbolistas por posicionarse. La mayor parte acabaron perseguidos y sus carreras deportivas se vieron truncadas a pesar de la evidente calidad de muchos de ellos.
A pesar de todo eso su lectura pone los pelos de punta de cómo en situaciones límite hay gente en un campo de fútbol que dice aquí estoy yo y eso es lo que pienso.
La relación del fútbol y política es amplía a lo largo de la historia. Otro día me extenderé en el tema. Hoy me gustaría profundizar en la relación entre futbolistas y política a nivel local. Sin pedir permiso y espero que sin pedir perdón me gustaría repasar una parte desconocida de algunos de nuestros políticos locales.

Sé que Alfredo Castelló era un buen jugador de fútbol. No he jugado con él y no puedo opinar pero me lo imagino en el centro del campo con el 10 a la espalda. Hubo una época en que un número significaba algo.

Con quién sí he jugado es con Sergio Muniesa y con Fernando Lopez-Egea. Siempre he defendido un eslogan vital que es La vida es fútbol. Sí, soy de los que cree que la gente es como se comporta en el campo. En mi caso me sirvió para saltar mi timidez. Nunca jamás he sido tímido en  un campo de fútbol y sin embargo sí que lo era fuera. Pero volvamos a nuestros personajes. Sergio y yo jugábamos en defensa los dos. Ambos somos altos e intentábamos guardar la posición. Sergio era un jugador que cumplía exactamente con lo que se esperaba de él. No se complicaba la vida cuando tenía el balón. Resultaba previsible y eso implicaba que fallaba poco. A veces subía al ataque pero le guardabas la espalda sabiendo que era algo puntual y que lo había visto claro. Sabía posicionarse y sabías siempre donde estaba. No tenía miedo y las luchaba todas que es una de las mejores cosas que se puede decir de un central. De él podías esperar un juego riguroso, contenido y serio. Sabías que podías contar con él y que entre los dos aguantábamos la posición que se dice.

A Fernando lo conozco más porque compartí vestuario varias temporadas. Yo jugaba de central y él jugaba justo delante de mi. Era una época donde su puesto era el de Guardiola y creo que esa la pareció la mejor filosofía futbolística. Fernando se rebelaba contra su categoría (jugábamos en segunda regional) e intentaba que todo el fútbol que hacíamos fuera de toque. Toque, toque, toque se asemejaba mucho a las conversaciones de fuera que eran programa, programa, programa. Le obsesionaba el fútbol de toque frente al fútbol mediocre que nos veíamos obligados a practicar. Quería pases cortos, balones al suelo, transiciones lentas y horizontales. En eso nunca hemos estado de acuerdo. A mi me gusta la verticalidad. Yo me dedicaba a coger los saques del portero y hacerle llegar a él el balón para que organizara. La verdad es que ordenaba el juego, balanceaba la transición de pelota de un lado a otro, buscaba las triangulaciones en sitios inverosímiles. Era Johanista y quería serlo incluso en un patatal. Recuerdo un partido fuera de casa en que íbamos ganando 0-1 y Fernando se empeñaba en seguir tocando el balón. Al final se lo tuve que decir: "Fernando, quedan diez minutos, no voy a jugar ni una... van todas a la calle". Pero él moría con su idea de futbol no resultadista sino resultón. Era tan fácil verle dentro del campo filosofar sobre la necesidad de jugar la pelota como hablar con él minutos antes de un partido sobre la cumbre de Rio de Janeiro sobre desarrollo sostenible. Y ya se conocía la teoría del sorpasso, y hablaba de la necesidad de trabajar los movimientos sociales. Intentaba cambiar el fútbol de regional como intenta cambiar el mundo local.
En el campo como fuera del campo hay gente cuyos accidentes genéticos le llevan a ser varias cosas al mismo tiempo. Quizá se pregunten quién era yo. Un central espigado y lento, cuya especialidad estaba en la cabeza. Intentaba situarme bien y analizar bien el partido. Y sobre todo saber en cada momento cual era mi función. Jugué en varios sitios y nunca lo hice demasiado bien. Pero salí siempre titular y siempre intenté ser honesto y digno. Y lo dejé cuando tuve miedo a las lesiones.

Solamente una curiosidad para acabar. La mayor parte de los futbolistas de izquierda jugaban del centro del campo hacia delante. Porque dicen que hay un fútbol de izquierdas y un fútbol de derechas. Y el fútbol de izquierdas se hace para ser feliz en el campo. 

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