MMI: ¿Por qué estoy soltero?

Una de las preguntas constantes del viaje a la India fue por qué estábamos solteros Isaac y yo. Puede que detrás hubiera algún intento por saber si éramos gays pero creo que había un poso de extrañeza en una sociedad en la que el no emparejamiento es síntoma de anomalía. En nuestra sociedad es cada vez más común. Creo que formo parte de la primera generación donde de manera amplía la gente ha decidido no tener pareja e incluso no tener hijos.
En inglés era bastante dificil de explicar porqué estoy soltero así que me he decidido a usar esta especie de entrenamiento mental que es para mi es escribir para intentar estructurar mis reflexiones y mis ambiciones (como Belén Esteban.. modo ironía on)

Hace trece años empecé un camino de inconformismo. Salí seis años con una chica de la que quizá nunca estuve enamorado aunque eso lo he sabido después (entonces sí lo pensaba). Y lo dejé para empezar una búsqueda de mi mismo pero también de un tipo de amor concreto. Creo que mantengo un ideal romántico poco pragmático. Quizá hasta pueda decir que me enamoro mal. Y creo que a muchos de los solteros y solteras de hoy en día (incluyo separados y divorciados) les pasa algo parecido. Mi soledad y mi libertad son muy valiosos. Me permiten desarrollarme casi completamente. Y escribo casi completamente porque hay un nivel superior, un escalón más arriba, que es encontrar alguien con quien compartir el estado de felicidad que permiten esa soledad y esa libertad. De manera que aunque parezca extraño perder soledad y perder libertad favorecen más felicidad. Pero para qué eso suceda la sensación tiene que ser tan intensa que arrastre todo lo demás. He leído sobre el amor y cómo funciona desde un punto de vista científico y nadie me ha convencido de conocer su funcionamiento. Existe una primera etapa absurda y loca, inexplicable pero intensa. Esa etapa es ficticia e idealizada, construida por una tradición literaria o cinematográfica... pero es que la literatura y el cine triunfan en determinadas temáticas porque retratan nuestros deseos comunes. Existe una primera etapa que no quiero saltarme, porque no me da la gana. En Beautiful Girls hacen la pregunta más dificil de responder: Si lo bonito es el principio por qué no encadenar principios. Esa pregunta entraña dos cuestiones ¿Cómo superar la frustración que supone no seguir sintiendo lo mismo que al principio? pero también ¿Cómo vivir sin haber tenido un principio?
Como cualquier narración el amor tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace. Si el planteamiento no tiene pasión será una historia cualquiera.
En mi caso para que surja esa intensidad existen muchos factores aleatorios pero tres factores comunes que diferencias el amor de una amistad profunda, deseada o incluso de la simple química sexual. Los tres factores son el deseo, la admiración y la complicidad. Los tres factores deben darse a la vez para que pueda mantener una relación duradera. El deseo tiene un componente físico alto pero también psicológico. Se puede y se debe alimentar. Soy muy visual y lo admito. Necesito mirarla y sentir la imperiosa necesidad de meterme dentro de ella con urgencia, o de acariciarla, o incluso de olerle el pelo para satisfacer mi adicción a ese olor. Me reconozco visual y físico pero también profundo porque necesito admiración y complicidad mútuas. No puedo salir con alguien a quien no admiro o deseo.

Cuando va pasando el tiempo las opciones se van reduciendo y tus preferencias se van haciendo rígidas. Cuando ya has intentado taparte los ojos para no ser visual y resulta que no funciona empiezas a aceptar que primero tiene que entrar por los ojos. Cuando ya has aceptado que la comodidad no forma parte de tu modelo de amor decides asumir que no puedes salir con alguien por el mero hecho de que la vida sea más cómoda. Y así un día te encuentras pensando que quizá no sea obligatorio tener pareja, y quizá pases mucho tiempo de tu vida sólo.

Si me preguntas si tengo ganas de ir a la paella de los domingos con unos suegros y que el perro esté todo el tiempo por debajo de la mesa molestando te diré que no. Si me preguntas si me apetece conocer a sus amigas y amigos a los que asumo el riesgo de caer mal (es algo frecuente en mi primer vistazo) te diré que no. Si me preguntas si me apetece tener la sensación de que siempre tiene que haber algo que hacer para qué parezca que no nos aburrimos te diré que no. Y si me preguntas si me apetece tener que pactar constantemente donde vamos de viaje o qué hacemos esta noche te diré que no. Pero si me preguntas si me apetece que alguien me abrace cuando necesito un abrazo, si me preguntas si quiero que me toquen el pelo hasta dormirme, si quiero compartir mi día con alguien a la hora de la cena, si quiero grabarla en video, poner música y regalarle un cuento, pues te diré que sí.

Pero para que todo eso suceda, lo que me apetece y lo que no, quiero ver antes un brillo de mirada, un tacto constante, un deseo incontenido, una seducción irechazable, una curiosidad extrema y un viaje que parece llevar a todas partes. Porque sé que eso existe. Porque lo he vivido. 

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