Querido joven periodista


Soy comunicador y sindicalista. Supongo que te parece contradictorio porque en la facultad te hablaron de objetividad y de equidistancia, de neutralidad y de independencia informativa, y yo parece que siempre lo vea todo del mismo color. Pero hoy es menos contradictorio que nunca. Sin buenas condiciones laborales os tienen cogidos y acojonados, no podéis ser buenos comunicadores si siempre estáis pensando en la posibilidad de despido. Si no estáis fuertes nosotros, los ciudadanos, estamos indefensos. Os necesitamos sólidos y valientes pero sobre todo os necesitamos conscientes y concienciados.

Llevo observando tu mundo con envidia desde hace años porque no me atreví a intentar lo que tú intentaste. No creí en mi vocación cuando debí haber creído en ella. Pero últimamente he dejado de envidiarte. Me he dado cuenta de que has entrado o vas a entrar en un mundo que como todos los demás se ha dejado invadir por el dinero. No te culpo personalmente. Mis colectivos tienen más incoherencias seguramente. Solamente me gustaría intentar recordarte lo que era mi sueño cuando era pequeño y lo que seguro que fue el tuyo.

Tienes el sector profesional que ha sufrido el ERE más invisible de todos. Seguramente tú mism@ estás en el paro o acabando una lista eterna de estudios. Han tirado a la calle a miles de comunicadores y los que quedan trabajan igual que en los demás sectores... como pueden. Apenas ha aparecido información de vuestros propios recortes de plantilla. Vuestras empresas los han tapado.

Durante la época de la década prodigiosa el periodismo aceptó gustosamente las subcontrataciones, la temporalidad, los horarios. Pensando que habría pastel para todos con tanta TDT y tanto Internet. Todo el mundo asumió que el periodismo y el mundo era así, tal cual nos lo mostraban, y tal cual se montaba por una propuesta liberal que dice que el mundo está lleno de oportunidades y de ningún peligro. Y te dijeron que el tema sinidical no tenía mucho sentido para manejar la abundancia, que era mejor mantenerse al margen, que eso te permitía una cierta distancia. Y también que la información se podía banalizar, que valía todo con tal de conseguir audiencia, que lo importante era el resultado, la mirada o el oído en tu medio. Las universidades se llenaban de gurús del espectáculo que enseñaban qué es lo que atrae a la gente y qué es lo que no. Porque la información, el sagrado derecho a la conformación de una opinión pública saludable, se la trae al pairo a la mayor parte de empresas de comunicación de hoy en día. Algo pasó cuando os convirtieron de informadores a vendedores de noticias. Ya no contáis cosas, ahora vendéis noticias.

Conozco varios héroes de lo cotidiano que todavía sueñan con los pies en la tierra pero como grupo, como colectivo, el periodismo ha demostrado ser muy cainita y muy cobarde. No más que los demás... pero buf... yo os admiraba tanto que se me ha caído un mito profesional. Uno más diréis.

A pesar de saber cuál es la realidad se sigue informando de la situación actual como si se tratara de un espectáculo y siguiendo lo intereses empresariales del medio. Porque los medios ya no son diferentes versiones de la realidad sino que tienen intereses que construyen diferentes versiones de la realidad. Y lo hacéis porque no hay más remedio. Se permiten comparecencias sin preguntas, se permite que contesten lo que les dé la gana, aceptáis entrevistas pactadas con preguntas pactadas, permitis que tapen hechos noticiables, no protestáis ante cambios de redacción, aceptáis que opinen tertulianos a sueldo. Aceptáis lo inaceptable.

Esa profesión está hoy tan denigrada que tendrás que volver a inventarla. Tendréis que volver a inventar una vocación. Tendréis que volver a ser buscadores de la verdad inexistente. Tu producto no es mercancía. Con tu teclado nos jugamos saber la verdad o una parte de ella. Pasarás momentos de miedo y te pido que los saltes, que los rodees, que cuentes honestamente lo que ves. Que nadie te robe una vocación traficando con miedo. El miedo no lleva a ninguna parte. Ahora que no tienes nada que perder, pierde el miedo. Te pido que me cuentes las cosas con honradez y que en tu vida profesional no seas ni neutral, ni equidistante, ni independiente. Te pido que te defiendas con todas tus fuerzas en tus condiciones laborales y profesionales porque nos jugamos todo en lo que tú nos cuentes. Y para contarlo te necesitamos fuerte y enter@.  

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