¿Quién me atiende en este banco?

¿Quién me atiende? es una de las frases más conocidas al llegar a un establecimiento. Últimamente es más frecuente porque hay más colas fruto de las fusiones bancarias y la reducción del número de sucursales y empleados. Sin embargo esconde un segundo significado: saber en qué condiciones y qué le pasa a la persona que me va a atender. Hace poco me comentaba un amigo si era normal ir al banco y encontrarse que la persona que te atiende tiene un brazo en cabestrillo o unas muletas en la silla (los dos casos son reales). No es normal evidentemente. Lo que ocurre en estos casos es que la lesión es visible pero ¿qué ocurre cuando la lesión es invisible? ¿Quién me está atendiendo? ¿Quién cuida de mi dinero?

Las lesiones físicas traumáticas y visibles son quizá las menos frecuentes en banca. Las invisibles son las realmente peligrosas porque nadie las quiere ver y todo el mundo las quiere tapar. Ha de saber qué mucha de la gente que le está atendiendo cada día se toma medicación para calmarse y poder trabajar. La cultura del miedo se ha instalado tanto en banca como en cualquier otro sector la presión sobre los que todavía tenemos trabajo y los directivos utilizan la excusa de la crisis para casi todo. El miedo genera ansiedad y la ansiedad es la pandemia invisible del siglo XXI. Estoy convencido de que mata a más gente que aquella famosa gripe A y le cuesta a la Seguridad Social un dineral.
Y usted dirá que tampoco es para estresarse con el horario que tienen. Pero usted debe saber que en banca los trabajadores no cumplen el horario. No lo cumplen en algunos casos por responsabilidad (precisamente con usted cliente de banca) y otras porque son obligados bajo el yugo del miedo. Ambas causas se entremezclan. La cuestión es que trabajan gratis por la tarde. Hacen horas extraordinarias que nadie cobra y nadie ve para suplir la falta de contratación en las oficinas. La persona que a usted le atiende puede estar trabajando hasta doce horas ese día. Y ya no es la cantidad de horas sino la intensidad de esas horas. Doce horas de hace diez años no son las doce horas de hoy. Seguro que usted ha notado que cada vez vivimos más rápido hasta un punto patológico. El ritmo de trabajo es inasumible, desgasta mentalmente, hasta el punto de llegar a ansiedad y depresión diagnosticados o no. Porque usted ya sabe lo difícil que es admitir tener ansiedad y depresión.
Con ese miedo, ese cansancio y esa ansiedad son presa fácil para las órdenes ilógicas y tóxicas. Por eso, ese amable chico que le cae tan bien fue capaz de venderle preferentes. Tenía miedo y no le dio tiempo a pensar. Por eso esa amable chica es capaz de llamar a horas intempestivas para recordarle que colocando su dinero en un plazo le dan unas sartenes mientras usted se pregunta si le llaman del banco o de una cadena de supermercados. Tienen miedo y no les da tiempo a pensar. Están saturados, sobrepasados, desmedidos... les están intentando robotizar hasta el punto de que cuando usted entra en la oficina solamente ven objetivos de campaña.
La próxima vez que entre a una oficina y pregunte ¿Quién me atiende? mire sus caras, mire si han adelgazado mucho últimamente, mire si fuman constantemente, mire si tienen ojeras, compruebe si cuando usted habla le atienden o están en su mundo, como si su mente no estuviera en la conversación, mire la prisa que tienen por resolver cualquier cosa y mire lo que le ofrecen y si se parece a lo que usted necesita, porque ellos y ellas no tienen tiempo para pensar y además tienen miedo.


copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com