Barcos de papel a la deriva


La Navidad es un naufragio social en el que unos acaban en botes salvavidas familiares con un rumbo fijo hacia la costa. Otros sin embargo, acabamos en barcos de papel a la deriva.

La percepción selectiva es aquella virtud por la cual acabas por ver a tus espejos. Cuando estás embarazada solamente ves embarazadas y cuando estás enfermo acabas por ver más enfermos. Últimamente la percepción selectiva me hace ver más barcos de papel a la deriva. Cada vez veo más barcos de pápel a la deriva como yo. Y no porque sean más sino porque nos acabamos conociendo, nos olemos e intentamos ayudarnos. Se nos conoce como singles, solteros o simplemente solos porque viajamos metidos en el equipaje de mano.

Cada vez conozco más personas que se mueven a la deriva. Y no porque no sepamos donde estamos, sino porque no sabemos como llegar donde queremos ir. La gente nos envidia por nuestra libertad y nosotros la ejercemos como un velero arria sus velas cuando no hay viento. En Navidad la deriva es más fuerte. Por eso quiero brindar por todos los barcos de papel a la deriva que seguimos mecidos por el viento. La inercia nos impulsa hacia ninguna parte. Hace años que construimos un laberinto con nuestras decisiones del que no conseguimos salir. Y aunque recopilamos una biblioteca entera de cinismo seguimos jugando al ajedrez con el ilusionista. Todavía nos brillan los ojos al idealizar la vida oculta de las palabras. Todavía seguimos soñando con la luz de una estrella escondida en un sillón del planetario. Nos han robado el agua de las flores y soplamos para mantenerlas frescas. Es imposible hacer un mayor esfuerzo. No nos rendimos pero nos agotamos. Con la sensación de tener el cargador sin balas y solamente tener derecho a una llamada más. Exportamos la energía hacia espacios fértiles donde encontramos el sucedaneo de lo que buscamos. Compramos frascos de perfume que no huelen a nadie. Llevamos tantos intentos que no recordamos el sabor del éxito. Nos llaman inconformistas por tejer una esperanza. Se nos acaba la magía pero seguimos intentando aprender nuevos trucos. Siempre hay un nuevo espejismo para cualquier desierto. Siempre habrá un recuerdo para un descosido. Los corazones cosidos se derraman cuando laten con demasiada fuerza.

Los barcos de papel a la deriva no buscan noticias para ir a la cama sino tertulias para el desayuno. Nos miramos pero no nos reconocemos. Nos sentamos de espaldas a compartir nuestras iniciales. Nos hacemos eternas preguntas de respuesta sencilla. Sabemos que no estamos solos pero no sentimos solos. El sentimiento seduce la ausencia.

Esta Navidad, mientras la apología de la compañia social celebra su akelarre anual, nosotros seguiremos mintiendo a la luna, esperando que alguien se meta a ver Love Actually bajo nuestra manta. Seguiremos pensando que un villancico es una canción de Wham. Aquella que dice que las navidades pasadas te entregué mi amor y lo malgastaste... este año espero entregarselo a alguien que sepa usarlo.

Por eso brindaré estas noches por todos los barcos de papel a la deriva que como yo seguimos el reguero de la lluvía. Mientras esperamos que deje de llover y salga el arco iris. No sabemos cómo  y tampoco sabemos cuando. Pero el sol saldrá algún día y seducirá a la luna en un anochecer constante. En un amanecer perfecto.









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