La verticalidad y la recentralización en banca

El denominador común que tiene el poso ideológico-conceptual de la crisis es la desconfianza del centro respecto a la periferia y de la cumbre respecto a la base. En política es fácil detectar ese fenómeno respecto a las Comunidades Autónomas e incluso los Ayuntamientos. El refugio de lo central, del mando férreo, fruto de la mentalidad de padre estricto en la que todos hemos sido educados es una zona de confort colectiva que funciona casi siempre. Solamente falla en épocas de imaginación.

En banca ha pasado lo mismo. El primer refugio de la crisis fue retirar los márgenes de maniobra a las oficinas tanto en gestión de comisiones como en concesión de créditos y precios de pasivo. Tanto los profesionales que habían otorgado créditos malos como los que habían otorgado créditos buenos fueron retirados de sus atribuciones. Eso hubiera sido lógico si el grueso del problema hubiera estado en la red, es decir, si la morosidad se hubiera debido a una mala concesión y estudio de la operación. Lo cierto es que vistos los números de las entidades ese problema es muy inferior a los grandes créditos corporativos, las grandes operaciones, los macroproyectos que eran buscados y seguidos por los altos directivos y las centrales de riesgos que estaban en sus manos. Si ahora pudiéramos hacer un ejercicio de cirugía bancaria en la morosidad podríamos ver que la morosidad generada por malas concesiones a particulares en bastante reducida y que la morosidad de las promotoras es muy superior. Lógicamente hay que tener en cuenta que si en una pareja los dos son despedidos y tenían trabajo indefinido esto no es una mala concesión sino una situación sobrevenida. Esto explicaría la recentralización. Pero la recentralización de decisiones ha venido acompañada de un gran aumento de la verticalidad. La bancarización de todo el sector, es decir, la bancarización de las cajas, junto con la crisis financiera ha consolidad un árbol de "poder" tremendamente vertical donde los cargos intermedios abundan por doquier. Estos efectivos se han detraido de la atención directa al cliente. De manera que el cliente ve que suben los precios bancarios y sin embargo su calidad de servicio desciende con menos efectivos y más automatismos. Esta verticalidad dificulta cualquier situación porque aumenta la burocracia creando laberintos organizativos. Tanto es así que una de las cosas más dificiles hoy en día en un gran banco es saber con quién hablar para resolver un asunto que ha quedado en tierra de nadie.
La verticalidad y la recentralización no solo no interpretan bien la realidad sino que chocan con ella. Durante los últimos veinte años se ha buscado un perfil concreto de trabajador de banca con alta cualificación al que ahora se le somete a un regimen de simple contactador comercial. Se está desaprovechando talento, se está haciendo un mal servicio a la sociedad no cumpliendo con la función social asignada de canalización de recursos financieros y se está generando una formación por vía de la costumbre que creará vicios dificiles de superar.
Y estas nuevas maneras de funcionar, la "anticuada nueva banca", choca con la realidad porque el nuevo paradigma de sociedad en red no aprecia ni la verticalidad ni la centralización. La entidad que antes entieda eso se quedará con mucho mercado. El buen cliente de banca espera creatividad, flexibilidad, proximidad y versatilidad. Y para eso hace falta una buena autonomia del punto de venta. Sin embargo, los bancos de hoy ofrecen cansancio, rigidez, distancia y constantes contratos de adhesión (lo tomas o lo dejas).

Pues cuidado porque los rescates son pan para hoy. Así que ya veremos mañana. 

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