Todas las cosas que aprendí en el año 2013

Aprendí que los niños todavía suben a las azoteas a volar una cometa.
Que he vivido por encima de mis necesidades y no por encima de mis posibilidades.
Aprendí a admirar a los ignorantes selectivos y a los amnésicos voluntarios.
A escribir AMOR con mayúsculas y después borrarlo con tinta invisible.
A sentirme acompañado estando solo y a sentirme solo estando acompañado.
Que los viajes no son mejores por ser más largos o más caros.
A despertarme en mitad de un sueño.
A mirar hacia dentro en lugar de hacia fuera.
A que nada permanece intacto aunque todo parezca estar quieto.
A mirar el dolor de cerca.
A esconder lágrimas.
A darle la vuelta al mundo en un instante.

Aprendí que los manicomios son las capitales de la lógica aplastante.
A besar como en las películas.
A descifrar el secreto de las tortugas.
A no tener miedo a sufrir
Aprendí el precio del atrevimiento y el del aburrimiento.
A dormir un niño en mis brazos.
Aprendí a no comprar la belleza.
Aprendí a hacer cosas por primera vez y cosas por última vez.
A valorar cosas sin valor.
A echar de menos sin haber tenido cerca.
A no rendirme.
A regalar mariposas invisibles.
A tejer esperanzas y a recoger los trocitos que quedaron de ellas.
Aprendí que algunas decisiones te toman a ti.
Que puedes perderlo todo sin haber tenido nada.
Que la diferencia se acentúa cuando la pereza aparece.
A tener miedo de volver a tener miedo.
Que lo colectivo no es más que una suma de invidualidades.
Que el mundo sigue girando aunque tu te bajes.
Que las estrellas se equivocan.
Que soy adicto a la nostalgia
Que soy tierno en la arrogancia y meláncolico en la euforia.
Que vivir enamorado no es vivir el amor.
Que los puzles no siempre se acaban aunque tengan sentido.
Que lo evidente puede ser invisible.
Que los cuentos a veces son verdad.
Que Amanda es el nombre de un recuerdo.
Que una butaca vacía puede ser un trono de reina.
Que los ricos quieren ser ricos a costa de los pobres.
Que el tiempo pasa y nadie le da la vuelta al reloj de arena.
Que puedes rozar las nubes sin llegar al cielo.

Aprendí a vivir una sola vida al mismo tiempo.
A cantar en silencio bajo una ventana.
Que la serenidad es la osadía de no hacer nada.
A dejar la puerta entreabierta por si alguien quiere entrar sin llamar.











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