Uno de los dos no es Dani Martin


He decidido abrir este apartado en mi blog que es el genuino uso de un blog. Algunas personas me han preguntado por qué hago una exposición pública tan amplia. En realidad mi exposición pública es muy pequeña comparada con la complejidad de mis monólogos interiores así que... realmente lo que cuento son abstracciones. En realidad siempre he contado muchas intimidades por escrito desde que empecé a escribir los domingos por la tarde cuando me resultaba insoportable casi toda la levedad de mi ser. Entonces aprendí a esconderlo todo bajo una enorme capa de metáfora. Ahora me veo preparado para practicar cirugía conceptual de otra manera más precisa aunque menos preciosa.

Otras personas podrían pensar que este es el tipo de cosas que se deben hablar. Estoy de acuerdo pero se deben hablar con quien sea capaz de escucharlas, entenderlas, comprenderlas, compartirlas y rebatirlas en su integridad. Existen esas personas pero complicados resortes emocionales hacen que no se pueda compartir todo. Además el lenguaje oral me limita extrarodinariamente a la hora de expresarme porque no permite los giros ni las imágenes. Así que, me veo en esta guisa de hablar conmigo mismo dentro de un tiempo. Al fin y al cabo muchas veces no me soporto pero casi siempre me entiendo y siempre acabo por perdonarme. 

Otras personas podrían decir que también existe la posibilidad de un diario a la antigua usanza que solamente leo yo. La verdad es que esto no está tan alejado. Controlo las visitas de mi blog y estas entradas no tienen más se seis o siete lecturas. Es presuntuoso creer que a alguien le importa tu vida y que usa tiempo para entenderla. Además ya nadie lee. Con esas dos combinaciones es dificil que alguien lea esto. Además en el fondo cualquier "escritor" desea ser descubierto y mínimamente apreciado. El que diga lo contrario miente. En todo caso, tampoco escribo estrictamente para los demás. Tengo un toque narcisista al que le gusta releerse. Así que quizá me escribo a mi mismo dentro de un tiempo cuando ya sea otra persona sin dejar de ser yo mismo. 

Anoche fui al concierto de Dani Martin. Es uno de esos lugares donde uno no acaba de encajar. Soy más que amplio defensor de la ternura pero también del compromiso. El auditorio era mayoritariamente femenino. Me pasa igual con Ismael Serrano. Parece que la ternura es un rasgo femenino. En todo caso no encajo. Si las niñas y no tan niñas que había allí fueran capaces de gritar por otras cosas más importantes no me importaría que gritaran al mínimo movimiento de Dani.
Lo cierto es que en cada concierto me "enamoro". Acabo por encontrar  una chica a la que observar durante todo el concierto. Anoche estaba a mi derecha. Delgada, pelo rubio y largo y vestida de negro. Estuve enigmatizado todo el concierto. Soy muy visual. Lo admito. No sé si es eso es muy superficial porque ser superficial es quedarse en la superficie y yo no me quedo en la superficie. Pero es cierto que empiezo por ahí. Empiezo por lo visual. Me puede pasar en un tren o en un concierto. Fijo mi atención en una chica e intento imaginar su vida. La idealizo. Me gustaría deconstruirla. Saber por qué ha venido. Si cree en las letras. Si las sabe. Qué significaron en su vida. Con quién ha venido. Si un día esa canción significó algo. Si desearía que alguien la quisiera así. Al mismo tiempo admiro algún tipo de belleza. La posesión de la belleza es un viejo ahelo humano y especialmente masculino. Es cierto que siempre he querido salir con una chica muy bella físicamente pero no es menos cierto que eso ya solamente es un punto de partida. Sobre mi visualidad he pensado mucho y la he analizado. He luchado contra ella pero es imposible. Me he rendido. Me gusta la belleza en general y eso incluye a las mujeres. Es cierto que he ampliado mi concepto de belleza más allá de lo natural. No me refiero a la cirugía sino a la elegancia, la elección de la ropa, el movimiento, el pensamiento. Pero no deja de gustarme una cierta belleza. Me fijo en todo. Todo lo que se suele mirar y muchas cosas más. Las manos. Los dedos. Las uñas pintadas. El color de las uñas pintadas. No es exhaustivo. Podría estar mucho tiempo enumerando. Los hombros. El cuello. La mandíbula. La nuca. Es todo un conjunto. 

El síndrome del niño incomprendido- la pieza que no encaja- me acompaña desde pequeño. Anoche lo noté. Un día espero ir a un concierto ñoño con alguién especial al que pueda mirar y admirar en muchos sentidos. También físicamente. Supongo que mantengo un ideal romántico demasiado elevado para la edad que tengo. No lo sé. Es el que tengo y mantengo y creo que es tarde para rendirse. Si no sucede no será porque me conformo. Mientras tanto hago cosas divertidas que no saltan a lo excelso pero me hacen sentirme vivo. Hago mucha mención al físico porque ayer en el concierto había muchas muchas chicas guapas. Me llama la atención porque la reunión de muchas chicas guapas cerca de la ternura es todavía un misterio para mi. Supongo que en realidad no era la ternura sino la cara de chico malo de Dani Martin o la de Pablo Alboran. Yo no soy el único visual aunque soy de los pocos que lo sabe. 

Así que allí estuve. Cantando. La mejor manera de sobrevivir. Con los ojos cerrados puedes estar con quien quieras. Incluso con quien no quiere estar contigo. Alguna lagrima se me escapó. De esas que después tengo que beberme para que nadie sepa por qué lloro. Y al abrir los ojos y comprobar las vidas que se reunían. Y especialmente mirando a esa chica que elegí y desapareció al acabar el concierto. 

El concierto musicalmente bien porque escuché todo lo que quería escuchar aunque Dani Martin no sería nadie sin las buenas canciones con ritmo de El Canto del Loco. El sonido horrible. Las luces más que correctas. Sin embargo, hubo algo que era chocante. Cada vez que se acababa una canción hablaba. Y cuanto más hablaba más vergüenza ajena sentía. Es imposible que esa persona que hablaba componga ni  una sola letra. La limitación de vocabulario era casi de parvulitos. Es cierto que el auditorio no era precisamente exigente pero la dignidad es algo que se predica de uno mismo. Está claro que uno de los dos no era Dani Martin. Y está claro que era yo. 

Por cierto, está fue la última vez que compro dos entradas a la espera de invitar a alguien. No quiero más butacas vacías. Aunque espero que haya un alguien pronto. Un alguien a quien no imaginar la vida sino vivirla. Un alguien a quien mirar de cerca en lugar de hacerlo de lejos. Un alguien que me haga olvidar que estamos rodeados de gente. 

Es Domingo. Pau juega solo. Espero que nunca tenga el síndrome del niño incomprendido. 






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